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Domingo 21 de septiembre de 2008
Entrevista
“La diplomacia es más que viajes, comida y cocteles”

Redacción El País Bogotá


Tras 35 años de servicio, el vicecanciller, Camilo Reyes Rodríguez, se retira del Ministerio de Relaciones Exteriores.

Si hay alguien en Colombia que sepa verdaderamente de política exterior, ese es Camilo Reyes Rodríguez, actual vicecanciller de la República.

No en vano lleva 35 años al servicio del Ministerio de Relaciones Exteriores, tiempo durante el cual les ha servido a nueve presidentes y ha sido consejero y confidente de 16 cancilleres a quienes les ha ayudado a sortear las infaltables crisis con nuestros vecinos y aliados.

Este bogotano que inició su carrera diplomática como Tercer Secretario en la Dirección de Protocolo de la Cancillería y que a finales del gobierno de Ernesto Samper ocupó por pocos meses la titularidad en el Palacio de San Carlos.

Y justo le correspondió defender la imagen de Colombia en el exterior mientras el país enfrentaba una de las épocas más aciagas de nuestra historia: el narcoterrorismo y su influencia en el Estado colombiano.

Hoy, a diez días de retirarse definitivamente de los avatares de la diplomacia para disfrutar de su jubilación, y mientras preparaba los documentos que llevará a uno de sus últimas misiones oficiales, Reyes accedió a hablar con El País.

¿Por qué se retira de la Cancillería?

Creo haber cumplido un ciclo. Después de 35 años de servicio tuve acceso a mi jubilación, y por diferentes razones quiero dar por concluida esta etapa para dedicar mi tiempo y mis energías a otras cosas que quiero hacer. Han sido 35 años enormemente enriquecedores.

¿Esta decisión la tomó solo o tuvo el consejo de su esposa?

Estoy casado desde hace más de 30 años con una mujer a quien quiero muchísimo (Gloria Ritter de Reyes). Tengo muy buen entendimiento con ella, muchas de las decisiones más importantes las tomamos en perfecto común acuerdo. Y una de esas decisiones es esta: era el momento del retiro.

¿Le queda frustración de no haber sido canciller?

No, fui titular de la Cancillería en una situación bastante extraordinaria y por un tiempo corto, pero obviamente fue un gran honor que agradezco a la generosidad del presidente Ernesto Samper. Fueron cuatro o cinco meses de 1998.

¿Cómo llegó a la carrera diplomática?

Llegué por concurso en 1973. Por esos días cerraron la Facultad de Agronomía en la Universidad Nacional donde estudiaba. Entonces conseguí un empleo como ayudante de biblioteca en el Consejo Británico.

En un periódico el Ministerio de Relaciones Exteriores anunciaba la apertura de exámenes para ingresar a la carrera diplomática. Cumplía con los requisitos, entonces me dediqué a estudiar y seis meses después me

presenté y pasé. Eso fue pocos días después de la muerte del presidente Salvador Allende en el Palacio de La Moneda.

¿Cuál fue la peor crisis que le tocó afrontar?

Pensaría que fue el período correspondiente al presidente Virgilio Barco. Fue un momento en que la mafia del narcotráfico, su capacidad de corrupción, el ejercicio de la violencia y la forma como afectó el comportamiento de los colombianos parecían poner en duda la viabilidad del Estado colombiano.

Hubo un momento en que para el Ministerio de Relaciones Exteriores explicar la realidad de Colombia en el exterior era muy difícil: en 1989 asesinaron a cuatro candidatos a la Presidencia de la República, la mafia ofrecía plata por asesinar policías, en una semana asesinaron en Medellín a 250. Era una situación incomprensible para la comunidad internacional. Gracias al valor del presidente Barco y a la fortaleza de nuestras instituciones Colombia superó esa etapa.

¿Y la mejor experiencia?

Muchas. Pero hubo un gran triunfo de la diplomacia colombiana: después de 25 ó 26 años de esfuerzo la comunidad internacional en 1998 reconoció en Naciones Unidas el principio de la responsabilidad compartida en la lucha contra las drogas que sigue teniendo importantes repercusiones en la vida nacional. De ese reconocimiento se desprendieron el Sistema General de Preferencias con la Unión Europea y el Aptdea con Estados Unidos.

¿Hoy cómo ve su paso por la Cancillería?

Fue necesario trabajar mucho para contribuir a superar muchas crisis. En retrospectiva veo con gran optimismo y satisfacción el resultado de la gestión del Ministerio de Relaciones Exteriores.

¿Qué le quedó pendiente?

Sería pretencioso decir que uno lo hizo todo. Pero tal vez lo más evidente es la política multilateral: uno trabaja ante Naciones Unidas, la OEA o los organismos internacionales, y queda la sensación de que ese trabajo es muy difícil que se revierta en beneficios concretos a nivel interno. Eso es lo que voy a tratar de hacer desde la Universidad del Rosario: crear un observatorio de armas ligeras y pequeñas en Colombia.

Camilo Reyes, entre otros cargos, fue Secretario General y Privado de la Cancillería, canciller (e) varias veces, vicecanciller (1994-1998 y 2003-2008); embajador ante la ONU en Ginebra y en República Checoslovaquia.
¿Qué es lo duro del trabajo diplomático?

Le agradezco por esa pregunta. La gente cree que el trabajo diplomático es sólo viajes, comidas y cocteles, que uno siempre está de vacaciones. La verdad sí hay que viajar mucho, bajo la presión de la responsabilidad ofi

cial, con pocas horas de descanso, no hay vida familiar. Pero así es este trabajo.

La agenda internacional de Colombia se volvió múltiple, muy técnica: cambio climático, preservación del medio ambiente, internacionalización de la justicia, la promoción y defensa de los derechos humanos, las migraciones. Son temas difíciles de manejar, que exigen mucho estudio y preparación.

¿Qué experiencias le dejó conocer el mundo?

Fue muy, muy interesante. Tuve la oportunidad de vivir situaciones, conocer países, tener experiencias, conocer gente. Eso no lo habría vi vido en otro campo profesional.

Conocí una buena parte del mundo y además fue muy interesante ver cómo los países se juegan sus intereses, cómo los defienden o cómo los promueven.

¿Alguna anécdota en particular?

Recuerdo una con particular interés: la visita que hice al vicedecano de

una de las universidades más antiguas de Europa, la Universidad Caroligna

de Praga, fundada en 1338. Él fue profesor durante 40 ó 50 años, hablaba nueve idiomas, era un excelente pianista y violinista. Era un verdadero placer hablar con él porque era una verdadera enciclopedia. Con semejantes calidades apenas ganaba cien dólares al mes y vivía con extrema austeridad. Pero vivía literalmente feliz.

En una cena que le ofrecí con mi señora en la embajada de Colombia en Checoslovaquia y a la que asistieron otros embajadores, después del brindis ofreció una canción a la mesa. Siendo un hombre de 70 años, interpretó con su señora una corta canción realmente sentimental y enternecedora. Eso no lo olvidaré nunca.

¿Le quedó algún sitio o personaje mundial por conocer?

Sí, claro. Imagínese que visité muchísimas partes del mundo pero nunca llegué a Moscú. Por lo menos en dos ocasiones había visita oficial organizada, y siempre hubo alguna circunstancia de última hora que lo impidió.

Y obviamente hay muchos líderes a los cuales hubiera querido conocer. Pero también conocí muchos, muy interesantes.

¿Ahora, ya no como diplomático, piensa ir a Moscú?

Yo he viajado mucho trabajando, y eso muchas veces no es muy agradable: sí, uno se enriquece, conoce, pero con el estrés del trabajo y siempre sin tiempo. Ahora tengo la esperanza y el propósito de viajar si Dios me lo permite.

¿Le da nostalgia no estar en momentos clave como la solución al diferendo con Nicaragua?

Claro que sí. Tengo nostalgia por no ser testigo directo de momentos que llegarán en el futuro próximo y las otras experiencias que a diario genera esta profesión. Eso, en verdad, me produce mucha nostalgia.

¿Escribirá todas sus memorias, anécdotas y secretos diplomáticos?

Cuando uno ha vivido circunstancias históricas siempre quiere dejar constancia de cómo vivió esos momentos. Obviamente que tengo esa inquietud, ojalá Dios me dé la disciplina y la entereza para escribir y que eso les sirva a los historiadores y estudiosos de la realidad colombiana e internacional.

El dato clave

  • Fue Presidente de la Conferencia Internacional sobre Armas Ligeras, y suscribió a nombre de Colombia la ‘Convención sobre la Prohibición del Uso, Producción y Transferencia de Minas Antipersonales’

  • Como delegado de Colombia ante la ONU en Ginebra puso en marcha varios programas: apoyo a los desplazados internos; el Observatorio de Minas, y el de aprovechamiento de la biodiversidad.

    En sus propias palabras

  • " La época de Virgilio Barco fue una de las etapas más difíciles. Yo era consciente de las tensiones internas en el país y del reto que significaba explicar en el exterior lo que pasaba en Colombia”.

    "Hablo inglés, italiano y con dificultad francés, pero a los tres me les meto. Es que dependiendo de la angustia, y a veces por la presión de las circunstancias, uno termina expresándose en cualquier otro idioma”.

    "Después de 35 años uno fácilmente llega a la conclusión de que esperar a que no haya una circunstancia especial, uno nunca se irá de la Cancillería: aquí siempre habrá algo que justifique seguir en este oficio”.

    Perfil

    Nombre: Camilo Reyes RodríguezTexto

    Nacido:Bogotá

    Profesión: Diplomático de carrera (el más antiguo de Colombia).

    Estudios: Egresado de la Facultad de Relaciones Internacionales de la Universidad Jorge Tadeo Lozano, con postgrados en Derecho de Integración (Universidad Prodeo, Roma) y Negociación Internacional. Es especialista en temas de desarme, Derechos Humanos y Derecho Internacional Humanitario.




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