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Domingo 06 de junio de 2004
Fenómeno Social
‘Skin heads’, reencarnación del nazismo

Por Diego MuñozCorresponsal de El PaisMadrid, España

Los tatuajes son otra forma de identificación de los llamados ‘skin head’. Su música es el rock pesado y actúan de forma violenta en contra de minorías, como personas de color.
AFP / El Pais
Los primeros ‘cabezas rapadas’ eran puros y duros, rechazaban el consumo de drogas. Sin embargo, le dieron un auge importante al espíritu de la beligerancia y agresividad contra la sociedad.

Fue a mediados de marzo del año pasado cuando apareció en internet un aviso que decía: “Tienes un vecino, compañero de trabajo o instituto que viste raro, lleva los pelos de colores, huele mal, lleva pircings, parches con anagramas de ETA, de anarquía, que lo único que hace es despotricar sobre la igualdad, el comunismo, las ideas libertarias y ¿quieres que le demos un buen susto? No dudes en mandarnos su dirección”.

Se trataba de un anuncio colocado por el grupo de ‘cabezas rapadas’ (skin heads) llamado Kripo de Zaragoza en España, una de las más de cien bandas neonazis identificadas en este país y que una vez cada mes, dan de qué hablar en las páginas de los periódicos cuando golpean a inmigrantes, comunistas o personas comunes que corren con la mala suerte de no caerles bien o de topárselos en una calle.

En España y Europa comenzaron a verse a finales de los años 80 y desde entonces han protagonizado múltiples episodios de violencia como el que padeció esta semana en Rusia el estudiante barranquillero Winston Enrique Frías Pombo.

Frías Pombo, estudiante de la Universidad Patricio Lumumba de Moscú, fue abordado en un bus por un grupo de ‘skin heads’ que le propinó dos puñaladas y quemaduras con cigarrillo.

“Eran como las 12:00 de la noche y yo estaba sentada en el andén de la estación de Avenida de América, cuando ellos aparecieron también a esperar el metro —dice Andrea Coyahuaso, una ecuatoriana que regresaba de su trabajo— y supe que me iban a molestar”.

“Y así fue, se vinieron hasta donde yo estaba, eran todos chavalitos, de unos 15 años, y me rodearon. Pensé que me iban a dar una paliza, pero comenzaron a insultarme, a decirme: “Vete a tu país, sudaca de mierda, aquí no te queremos”, y luego todos me escupieron”.

Nadie se interpuso. Como tampoco se interpusieron cuando el pasado viernes un joven peruano de rasgos indígenas fue atacado dentro de un vagón. Percy iba para su casa en la línea 7 de Metro cuando en la estación Gregorio Marañón se subieron varios ‘cabezas rapadas’.

Cuando el tren se detuvo en la siguiente estación, uno de los jóvenes se adelantó a la puerta, interpuso su pie para evitar que se cerrara mientras sus compañeros agredían a su víctima.

“No me di cuenta sino cuando se me arrojaron encima. Tenían cadenas en las manos y algo con lo que me pegaron que no supe qué era”. Heridas en la cabeza y el rostro. Corrieron hacia la puerta y se bajaron. Percy se quedó en la silla con la cabeza y las ropas bañadas en sangre.

Lo grave es que a pesar de la denuncia no lograron detener a ninguno de los agresores.

Lo cierto es que la ola de los grupos neonazis se ha extendido por toda Europa, en países como Austria y Suiza parecen haber tomado un nuevo aire ante el triunfo de los partidos de ultraderecha que comulgan con un mismo discurso contra la inmigración, las minorías étnicas o los grupos minoritarios y excluidos como los homosexuales.

También en Francia con el candidato Le Pen revivieron y ya se habla de numerosas agresiones a inmigrantes en dicho país.

En Rusia, las agresiones, como la sufrida por Winston Frías, se han multiplicado desde que el ex candidato de ultraderecha y nacionalista Vladimir Jirinosky reviviera el lema de ‘Rusia para los Rusos’, incitando a la expulsión de los extranjeros.

Las ataques son comunes, no sólo contra los inmigrantes, pordioseros, gitanos, sino también contra los comunistas.

Hace una semana un grupo de neonazis agredió a jóvenes del Partido Socialista que pegaban carteles de propaganda electoral para las elecciones del Parlamento Europeo.

También han cometido asesinatos, uno de ellos de una emigrante, Lucrecia Pérez, en 1992, a la que le dieron una paliza. Y la Policía investiga la muerte de un pordiosero quien falleció tras ser agredido por un grupo de jóvenes, al parecer, en uno de los llamados “requisitos” para ser admitidos en una de las bandas skin.

NO FUTURO. Nacidos al compás del ala más dura de la música rock, como reacción al pacifismo que pregonaban los movimientos hippies de los años 60, inspirados en una filosofía más radical y violenta, basada en el caos y en la desesperanza, los movimientos skins han logrado dejar para la posteridad su lema ‘No hay futuro’ que sintetiza todo su descontento y desilusión ante el mundo que los rodea.

“Se rebelan contra todo porque ven que no tienen cabida en ese todo”, dice uno de los agentes de la Policía especializado en los movimientos skins y radicales, como los que integran las barras bravas de los equipos españoles.

“Es difícil entender qué es lo que los mueve en realidad —agrega— porque uno de los grupos más veteranos de los skins, por el contrario, lo que propugna es el mestizaje. Pero de unos años para acá atacan todo lo que no es ario, ni puro, que se salga de los límites sociales”.

El especialista también dice que “los primeros skins eran puros y duros, rechazaban el consumo de drogas aunque le dieron un auge importante al espíritu de la beligerancia y agresividad contra la sociedad. Sin embargo, es inútil buscar un planteamiento filosófico profundo, porque no existe. Lo del nazismo, sus símbolos, es más una apariencia, aunque muchos se han metido en la historia y actúan como verdaderos nazis aunque ignoren lo esencial de aquella doctrina”.

Uno de los ritos ‘iniciáticos’ de los skins tiene que ver con la práctica de la violencia enfrentando a los enemigos, casi siempre bandas conformadas por inmigrantes como los ‘Latin kings’ y otras de equipos de fútbol.

En Madrid, por ejemplo, están los ‘ultrasur’ del Real Madrid o el Frente Atlético del Atlético de Madrid, difíciles de controlar y que cuentan con una buena presencia de skins.

“Los skins son un producto de estos tiempos: encarnan más que cualquier otra tribu rival, la confusión y el caos socio-cultural, la desintegración y crisis de nuestro momento”, dice la psicóloga Cayetana Herreros.

En noviembre de 1999 la Internacional Third Position (La Tercera Posición), uno de los grupos neonazis más activos, adquirió en Valencia el pueblo Los Pedriches, que está siendo reconstruido por los miembros de la organización.
Las numerosas acciones de violencia fascista provocadas por activistas de extrema derecha en casi todos los países europeos, desde la década de los 80, llevaron al Parlamento Europeo a elaborar un dossier, el Informe Ford, hecho público en 1990. Este documento establece las conexiones internacionales y directas entre el racismo organizado y la extrema derecha.

El brutal asesinato de Lucrecia Pérez, puso de manifiesto dos datos de suma importancia. El primero, que fue cometido con la participación de la Guardia Civil, uno de cuyos ‘número’ fue detenido, procesado y condenado. Y el segundo, que sus autores lo planearon en un lugar de reunión habitual de skins en Madrid, la plaza de Los Cubos.

Lo que parecía ser el techo de la violencia neonazi no fue sino el principio de una escalada de agresiones y asesinatos.

El 24 de abril de 1999, un comando de Bases Autónomas asesinó al indigente Alejo Aznar en el pórtico de la iglesia de San José, en el municipio de Getxo, Vizcaya, en el País Vasco. El 23 de octubre de 1999 fue torturado otro mendigo al cual luego quemaron cuando aún se encontraba con vida.

En julio de 1996, el Consejo Nacional de Seguridad Ciudadana hizo público un informe, según el cual, “la presencia de los skin heads se extiende por todo el país, sobre todo en las poblaciones con más de 25.000 habitantes”.

El número de “activistas duros” supera los 50.000, localizados en Barcelona, Madrid, Valencia, Sevilla, Bilbao, Valladolid, Oviedo y otras capitales españolas.

De acuerdo con el Consejo Nacional de Seguridad Ciudadana, Cnsc, los skin heads son “combativos y orgullosos”, defienden su territorio, se llaman patriotas blancos, perciben el miedo de otros y amedrentan a quienes se cruzan a su paso.

Además, no tienen sentimientos de culpabilidad y antes de los 15 años suelen manifestar trastornos antisociales de su personalidad, como por ejemplo, odio a los negros, a los árabes o a los inmigrantes en general.

El fútbol se ha convertido en uno de sus escasos referentes que les ha permitido una organización precaria pero eficaz.

Ahora están relacionados con las barras bravas de equipos como Los Boixos Nois de Barcelona, Los Yomus de Valencia, las Brigadas Blancas de Albacete y en Sevilla los Biribiris, pero los hay en casi todas las ciudades con equipos de fútbol profesional.

Pero también reciben apoyo de partidos de ultraderecha y algunas instituciones de la Policía y la Guardia Civil, aunque las investigaciones han casi desmantelado estos vínculos.

Su presencia en Colombia

Las barras bravas del fútbol son tal vez las figuras más cercanas ideológicamente a los ‘skin heads’ por su comportamiento y vestuario.

Aunque en Colombia los ‘skin heads’ no se han masificado, sí ha habido algunas tímidas apariciones de grupos que se asemejan a este movimiento.

Como ocurre en Europa, el escenario más común donde estos personajes se manifiestan son las denominadas barras bravas del fútbol.

En Bogotá, por ejemplo, se ha detectado la presencia de algunos ‘skin heads’ en la barra ‘Comandos Azules’ del club Millonarios. En las tribunas se les ve con sus cabezas rapadas y luciendo chaquetas y botas militares, así como cadenas y objetos metálicos enredados en sus cuerpos.

Usan símbolos tan dísimiles como la silueta del Che Guevara y la esvástica de los nazis, lo que trasluce su confusión ideológica.

Los nombres de algunas de estas barras, que comúnmente se enfrentan en gigantescas grescas antes o después de los partidos, reflejan su espíritu pendenciero: ‘Barón Rojo’, del América; ‘Frente Radical’ y ‘Ultras’ del Cali; ‘Holocausto Blanco’ y ‘Extrema Blanca’, del Caldas; ‘Comandos Azules’, de Millonarios; ‘Putería Roja’, del DIM, y ‘Escándalo Verde’, del Nacional.

“Sólo pienso diferente”

No quiere hablar mucho de su vida, pero en resumen, “ha sido una mierda” desde que cumplió los 10 años.

El sistema acabó con su familia. Su padre era empleado de banco y su madre dejó los estudios cuando se casó y luego no pudo hacer nada.

Hace siete años se reunió con otros jóvenes descontentos como él. Ahora se llama Ssuan, que suena a algo así como SS One. Hace parte de una barra de un club de Madrid, que no quiere identificar. Pero es allí, en el estadio, donde descarga todo su odio, todas sus represiones.

¿Por qué ser skin?

No hay nada malo en serlo. Dicen que somos racistas, que no nos gustan los negros, los sudacas, los maricones, pero es una manera de pensar diferente que, igual como yo respeto la vuestra, debéis respetar.

¿Qué no te gusta de esta gente?

Me gusta que vivan en sus pueblos de mierda, allá lejos donde vivís, pero porqué tenéis que haber venido a España. Os estáis quedando con el trabajo nuestro, las pocas oportunidades.

¿Quién te lo ha dicho?

Nadie, lo he visto, lo veo todos los días. La sociedad es un desorden, debería haber alguien que pusiera orden, como Hitler con Alemania.

¿Ese sería el ideal de ustedes, un nuevo Hitler?

Un nuevo orden. Me cago en esta sociedad y sus valores que hay que golpear.

¿Por qué el afán de destruir?

Porque hay cosas que están mal, porque esta sociedad lo único que ha hecho es marginarnos. Los únicos que están bien son los reyes, los ricos, los políticos y el resto lo pasamos duro. Pero nadie dice nada. Sólo nosotros.

¿Ha estado en un castigo?

Sí, a un moro que nos robó la bicicleta. Lo buscamos hasta que al fin lo encontramos.

Está la justicia...

Me cago en la justicia.

¿Qué dicen sus padres?

Ni les importa, ni sabrán.

El número: 15 mil miembros de bandas racistas como los cabezas rapadas había hasta 1980 en España, según el informe Racismo y Xenofobia.



 

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