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Colombia, Miércoles 23 de Abril de 2014
Judicial
Silenciado otro periodista en Cali
Enero 24 de 2002


Con tristeza e indignación llegaron a la puerta de la Sección de Urgencias del Hospital San Juan de Dios de Cali familiares y colegas del reportero gráfico Marco Ayala. Allí constataron la infausta noticia de su fallecimiento a manos de criminales que le dispararon en seis ocasiones.
Fotos: El Pais
El homicidio de Ayala ocurrió cuando salía de un taller fotográfico, en el barrio San Nicolás. Hace apenas ocho meses mataron a un periodista deportivo.

Cuando uno de los reporteros gráficos del diario El Caleño llegó a las 3:50 p.m. de ayer a cubrir un asesinato, sólo encontró un charco de sangre.

Lo que no supo sino veinte minutos después es que esta vez la víctima era uno de sus propios compañeros de trabajo.

El cuerpo del periodista Marco Antonio Ayala Cárdenas había sido llevado al Hospital San Juan de Dios, momentos antes de que su amigo llegara a la escena del crimen.

Pero Marco Antonio no alcanzó a recibir los primeros auxilios. En el camino al centro asistencial la vida lo abandonó.

Su cadáver fue llevado a la morgue del hospital. Hasta allí llegaron dos de sus compañeros.

En un cuarto lúgubre, sobre una camilla y tapado con una sábana estaba Marco. Ellos, que tantas veces habían visto la muerte en otros rostros, no podían creer que en esta ocasión estuviera en la cara de un amigo y colega.

Lo miraron de frente y tocaron su cuerpo, el cual aún no había perdido calor. Y recordaron cómo una hora atrás había salido de El Caleño a revelar la fotografía en la que aparecían un hombre y una mujer.

Marco caminó hacia Casa Color, el taller de fotografía ubicado en la Calle 23 con Carrera 3C del barrio San Nicólas de Cali.

En ese lugar estuvo acompañado de una mujer, a quien las autoridades no han logrado encontrar.

Cuando Marco salió del lugar, dos sicarios en una motocicleta RX 115 le propinaron seis impactos de arma de fuego en la cabeza.

Recogido por la Policía en el lugar del atentado, Ayala fue conducido con un hilo de vida al hospital cercano, pero no resistió.

Los familiares, amigos y colegas del reportero se agolparon en la puerta de Urgencias de San Juan de Dios.

Ellos tampoco podían creer que esta vez la muerte hubiera sido para Marco.

"Marco era la última persona en quien uno pensaría que podría ocurrirle algo así. No me explicó por qué lo asesinaron. El casi nunca cubría noticias judiciales y tampoco era conflictivo", expresó Fabián Pérez, redactor de El Caleño.

"Sé que cada vez que muere alguien dicen que era una buena persona, pero en este caso eso era totalmente cierto. Marco era uno de los mejores compañeros", dijo Carlos Chavarro, reportero gráfico de ese periódico.

Las preguntas sobre por qué fue asesinado Marco no dejan de retumbar en la cabeza de sus familiares.

"No entiendo qué pasó. El no había recibido amenazas, ni tenía problemas con nadie. Por eso no dejo de preguntarme por qué le pasó esto a mi hermano", afirmó Luis Ayala.

El crimen fue repudiado por el Círculo de Reporteros Gráficos del Valle, que pidió que los culpables sean castigados.

No es la primera vez que asesinan a un periodista de El Caleño. A comienzos de los años 80 sicarios mataron a Alirio Mora Beltrán, director del matutino, en las propias puertas de la empresa periodística.

También fue asesinado Ramiro Ariza, corresponsal de El Caleño en Buenaventura. Y, además, hace apenas ocho meses, el 3 de mayo de 2001, cayó bajo balas criminales el reportero deportivo Yesid Marulanda.

La lista de periodistas asesinados es larga en los años recientes, y supera la docena.

Las autoridades dicen no tener pistas de quiénes pudieron ser los culpables del homicidio.

Y mientras lo averiguan, hoy los compañeros de Marco Antonio llegaran a la morgue de Medicina Legal, como lo hacen todos los días, pero esta vez no averiguarán noticias sobre otros muertos. Llegarán a reclamar el cadáver de su propio compañero.


Sólo la muerte los separó

El amor de Marco Antonio Ayala por la fotografía fue casi a primera vista. Y en su relación conoció este arte en todas sus etapas.

Primero, alejado de los lentes, como técnico de revelado en los almacenes de fotografía Casa Color, labor que desarrolló durante quince años.

Más tarde, en un intento por "hacer empresa", cuando en compañía de uno de sus amigos más allegados montó un negocio de revelado y venta de materiales fotográficos.

Y, finalmente, cuando se hizo fotógrafo del periódico El Caleño, tras aceptar una propuesta de su actual gerente, Blanca María Torres.

En este matutino, Ayala fue designado como fotógrafo deportivo, porque fue mediante el fútbol que perfeccionó sus conocimientos en la actividad de la que hasta ayer dependieron él y sus dos hijos, Karen y Bryan, de 10 y 7 años de edad.

Allí, este caleño de 42 años de edad, se destacó por su cumplimiento y porque, a pesar de ser uno de los empleados más callados de la Redacción, era también uno de los mejor informados acerca del acontecer nacional, sobre todo en el campo deportivo.

Su pasión por el Deportivo Cali fue la que lo unió definitivamente con la reportería gráfica. Durante varios años, mientras aún trabajaba como técnico en revelado, se coló en el estadio Pascual Guerrero para capturar, con una cámara aficionada, lo que él denominaba como "los momentos más preciosos del deporte": las jugadas de sus ídolos.

Con esas imágenes había logrado una gran colección de momentos especiales, con la que soñaba, algún día, poder empapelar una de las paredes de la casa prefabricada que él mismo había construido en el barrio Terrón Colorado, donde compartía con sus hijos los fines de semana, pues los infantes vivían con su madre, Marleidy, de quien se había separado hace varios años.

Igualmente, soñaba con llegar a un periódico grande, con que su pequeño Bryan algún día fuera jugador del Deportivo Cali y con seguir casado con la fotografía, un matrimonio que, como los fundamentados en el amor verdadero, sólo la muerte pudo acabar.



   
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