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Jueves 22 de enero de 2004
Luto en La Lírica
Un solo para Carmiña Gallo


Carmiña Gallo, quien también grabó discos de folclor nacional, dijo alguna vez: “Una de las mayores satisfacciones de mi vida ha sido hacer música colombiana. Es muy placentero que la gente la quiera y la conozca a través de mis interpretaciones”.

“Una vez nos íbamos a presentar en Londres con Carmiña. Llegamos al hotel y en la embajada nos dijeron que no habían conseguido el escenario. Y ella, con valor y carácter, dijo: Vengo por orden del Ministerio de Relaciones Exteriores y tengo que cumplir, y si no consiguen nada me pongo a cantar en la calle y verán qué hacen.

Fue tan firme su decisión que a la media hora nos dijeron: Vamos a conseguir el sitio y como no pudieron, habilitaron un salón grande en la embajada y allí hicimos el concierto”.

Esta anécdota del maestro de música colombiana Jaime Llano González, canta lo que muchos dicen en coro: Carmiña Gallo no sólo era la cantante lírica colombiana más importante de todos los tiempos, sino la más disciplinada y de una voluntad férrea.

Fue así y con su voz de soprano como alcanzó una trayectoria internacional que comprende actuaciones en ópera, lied, oratorio, canción culta, latinoamericana y folclor colombiano en 25 países y 150 conciertos.

Aplausos como los que recibió allí se escucharán hoy, a la 1:00 p.m., en la Iglesia San Alfonso MaríaIligorio, en el barrio La Soledad, de Bogotá, donde el público presenciará la última aria de la bogotana Carmiña Gallo, su despedida del mundo.

En vida recibió todos los reconocimientos: Grabó cinco discos, dos de ellos galardonados: el de música culta latinoamericana para la OEA y el de folclor colombiano que le mereció el Premio Ondas de la OTI.

Asimismo, obtuvo la Orden Simón Bolívar del Gobierno colombiano, en 1997; la Placa de Oro de El Tiempo, la mejor interpretación en el Festival de Opera de Medellín, la distinción al Mérito Cultural de la Alcaldía de Bogotá y el de Ciudadana Honoraria de Guayaquil y Guatemala.

La Unesco la seleccionó como solista iberoamericana para el Concierto Final de Año Europeo de la Música, en la ciudad belga de Sofía, y en 1985 representó a los latinos en Polonia.

Carmiña falleció a las 5:10 a.m. de ayer, a los 65 años, luego de que en septiembre del 2003 le detectaran cáncer de colon y fuera internada en una clínica desde el 30 de diciembre.

Sus amigos. El maestro Llano González lamenta la ausencia de quien “tenía una de las voces más preciosas que he conocido y formó la escuela más extraordinaria de lírica en Colombia, porque era de una disciplina excepcional”.

En su trasegar, dirigió grupos vocales y orquestas del género popular, fue fundadora de la Coral Avirama, de la Giusseppe Verdi, de Armonía, de la Fundación Ópera de Colombia, del Coro Santa Fe de Bogotá, del Filarmónico de Bogotá y de Colcultura.

Desde hace 25 años esta licenciada en música del Conservatorio Nacional de Bogotá, con grados en arte lírico y canto en el Conservatorio de Santa Cecilia en Roma, enseñaba canto en el de la Universidad Nacional.

“Era templada, exigente, pero cuando pasaban las clases era la mejor amiga de sus alumnos. Cuando las dictaba en su apartamento los consentía, les preparaba café y chocolate con galletas. Pero al dar la clase era un Hitler”, cuenta el maestro Llano, con quien compartió escenarios.

Después, y en eso asume él un poco la responsabilidad, ella se enamoró de la música colombiana. “Estaba seguro de que la iba a cantar muy bonito, y la convencí de que nuestra música iba a ganar mucho en su voz. Por eso, en los últimos años la cantó tanto y tan bien”.

Por Carmiña en Italia -donde vivió algunos años- se cantaron temas colombianos como Me Llevarás en Ti, Mi Buenaventura, Carmen de Bolívar, Ay mi Llanura, Pescador Lucero y Río y Dime Pajarito.Y con su esposo, el ex director de la Radiodifusora Nacional de Colombia Alberto Upegui, creó el programa de coros Las Clásicas del Amor, para promover el folclor.

Y lo hizo muy bien, según el maestro Lucho Vergara quien vivía “impresionado con su técnica vocal de un gran nivel. Y hay que abonarle que como pocos se interesó por un género que no es el fuerte del país, por formar una escuela y sacar muchos talentos adelante”, dice este autor e intérprete de música colombiana.

Instantes. De su memoria a su voz llegan los recuerdos: “La última vez que la vi fue hace año y medio. Se hizo una tertulia donde se presentó con un grupo y cantaron dos o tres alumnos suyos. Fue una velada muy linda que duró hasta las 3:00 a.m.”.

Veladas que le recordarían a Carmiña sus amores de juventud: Mozart, Verdi, pero sobre todo los personajes femeninos de Puccini, a quienes prefería representar. “He tenido grandes éxitos con ellos, me atraen, van con mi temperamento. Con ellos puedo expresar mi pasión y mi ternura. Quiero mucho a Toscana y a Butterfly. Y sueño con interpretar a Norma, de Bellini”, decía.

Así como deleitaba con su voz en escena, también les cantaba la tabla a los que pensaban que era ambicioso y elitista trabajar la ópera en Colombia: “No podemos pensar que porque somos subdesarrollados no tenemos derecho. De esta forma no se progresaría jamás. ¿Por qué se hacen las temporadas de ópera y se llenan los teatros? Al público le gusta, le atrae, quiere ver ópera”.

Para ella todo era música. De madre colombiana y de padre italiano, esta bogotana debutó en 1970 con la ópera Aída, que a pesar de su éxito le brindó su primera enseñanza: “No se empieza por ahí, es una ópera difícil que sólo la trabajan los grandes en la cima de su carrera”.

Y así se lo enseñó a Marta Senn, a Manuel Contreras y a Alfredo Landínez y a todos sus alumnos, a quienes les dijo: “No sólo sigan cantando sino estudiando, hay que mantenerse en forma. Las oportunidades llegan”.

Hoy, un aria se escucha en el cielo...

En sus propias palabras

“Fue una de las voces más representativas del canto nacional. Fue pionera del género lírico en el país y supo estrechar con acierto, los lazos entre éste y la música popular. El suyo fue un talento innovador y nuestros bambucos y pasillos tuvieron gracias a ella un nuevo aire, que los hizo reconocidos y queridos por todos los públicos”. María Consuelo Araújo Castro, ministra de cultura, en comunicado de Mincultura.

“Amiga incondicional de mi hermana, (su colega) Zorayda Salazar, era buena anfitriona, simpática, creyente con mucho amor de patria y una de las personas más luchadoras por la música colombiana”. Mery Salazar de Sierra, directora Fundación del Artista Colombiano, en entrevista con El Pais.

“Le dio altura a la música colombiana y de su academia salieron muy buenos alumnos del canto lírico. Tuve la oportunidad de tocar con el maestro Jaime Llano en un concierto que ella ofreció en Cali. Era una erudita”. Diego Estrada, maestro de música colombiana, en entrevista con El Pais.


Por Isabel Peláez R. Reportera de El Pais
 

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