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Colombia, Lunes 1 de Septiembre de 2014
Regional
Una vía hacia la muerte
Enero 19 de 2003


El primer suicidio que se presentó en el viaducto de Pereira ocurrió a los dos meses de haberse inaugurado. A partir de ese momento, la obra se convirtió en el sitio preferido de quienes desean quitarse la vida, pues según los sicólogos, les garantiza la seguridad de la muerte.
Fotos: Luis Ángel Murcia / El Pais
En cinco años, 63 personas se han lanzado al vacío desde la gigante mole de concreto, que tiene 55 metros de altura. La tragedia de una madre y sus dos hijas sacude al país.

"Hacia donde vamos no necesitamos llevar ropa".

Con esa frase airada respondió Bertha Alicia Vargas Taborda, al hombre a quien juró amar hasta que la muerte los separara.

Minutos más tarde pondría fin al pacto sagrado del matrimonio, firmado cuatro años atrás.

Para hacer el triste viaje, Bertha decidió llevarse a sus dos pequeñas hijas: Luisa Fernanda y Angie Dayanna de 31 y 7 meses, respectivamente.

Justo a las 8:10 p.m. del pasado martes, Bertha Alicia caminó hasta el frente de su casa en el barrio Kennedy, en Pereira. Allí abordó un taxi con sus niñas. El destino fatal se conocería diez minutos más tarde.

Mientras tanto, su esposo, Luis Angel Bordón, asombrado de que su mujer cumpliera la amenaza de abandonar el hogar, cerró la tienda con la cual sostenía a su familia y corrió unas cuadras para llegar a la casa de sus suegros. Ellos siempre le brindaron apoyo durante las crisis de su ya deteriorado hogar.

En la vivienda de Antonio Vargas y María Ligia Taborda, padres de su compañera, Luis Angel recibió la llamada más dolorosa de su vida. ¡Maldito viaducto!, gritó el acongojado hombre.

Los cuerpos de su esposa y de sus dos hijas habían caído desde los 55 metros de altura -equivalente a un edificio de 30 pisos- existentes entre el asfalto del puente colgante y el rígido piso de cemento de la cancha de microfútbol ubicada bajo la estructura metálica de 2.850 toneladas.

Bertha, en un acto incomprensible arrojó primero a Luisa Fernanda y, posteriormente, se lanzó al vacío con la bebé de siete meses aferrada a sus brazos.

Las tres murieron instantáneamente bajo la mirada atónita de un grupo de jóvenes que jugaban en la cancha.

Esta tragedia, considerada como la más dramática ocurrida en la capital risaraldense, en los últimos cinco años, confirmó el sino trágico que rodea una de las obras de ingeniería más ambiciosas en Latinoamérica: El viaducto 'César Gaviria Trujillo'.

No bastó que esta estructura fuera catalogada como el tercer puente colgante más grande del mundo, para ocupar la portada de los diarios prestantes del planeta. Los suicidios que allí ocurren también han hecho famoso a este lugar.

El caso de Bertha y sus dos hijas estremeció a los moradores de los barrios San Judas y Los Alcázares, quienes han visto caer y escuchado los gritos de arrepentimiento de algunos de las 63 personas que voluntariamente se han lanzado al vacío desde el puente.

Esta cadena de suicidios se inició a los dos meses y diez días de inaugurada la obra -el 19 de noviembre de 1997-. Aunque para las autoridades la cifra oficial es de 51 casos, en cada esquina de Pereira se habla de 63 víctimas. Al parecer, suman los doce obreros que murieron accidentalmente durante su construcción.

"El primero en lanzarse fue un reciclador de 65 años de edad. Lo hizo el 27 de enero de 1998, es decir, dos meses después de la entrega del Viaducto", precisó Inés de Hincapié, residente en Los Alcázares, quien es una de las personas que llevan la cuenta de los cuerpos caídos desde la enorme mole de concreto construida sobre la hondonada del río Otún.

"Antes de suicidarse, el reciclador fue donde una vecina y le pidió una taza con agua de panela. Minutos más tarde sentimos el estrellón contra el pavimento", recordó la señora Hincapié mientras observa una de las imponentes vigas de 105 metros de altura y que 'amenazan' a su pequeña vivienda.

Desde entonces, ha sido numerosa la lista de personas que decidieron poner fin a sus problemas arrojándolos al vacío junto con sus cuerpos, los cuales quedan bajo la sombra de una estructura que costó US$50 millones.

"Hasta los animales han sido víctimas de este puente. Hace dos años una vaca se tiró al vacío, aunque lo hizo más por temor a los carros. También hubo el caso de un lustrabotas que se arrojó, pero antes se bañó gasolina y se prendió fuego", narró Juan Carlos Navia, quien habita desde hace cinco años en el sector.

Entre las historias relatadas por los habitantes de Los Alcázares hay dos, que, contrario a las de Bertha y sus hijas, insólitamente sobrevivieron a semejante vuelo.

El director científico del Instituto del Sistema Nervioso del Risaralda, Uriel Escobar, aseguró que atendió y trató clínicamente hace dos años a uno de ellos, quien para su fortuna cayó justo en los guaduales que nacieron a orilla del río Otún, bajo el viaducto.

"Es un joven de 24 años con problemas de discriminación y, además, consumidor de tóxicos. A esta persona la sociedad le había dado la espalda y tuvimos que realizar un minucioso trabajo de recuperación", explicó el sicólogo.

El viaducto se convirtió en un referente sicológico para los suicidas y como tal muchas personas con problemas depresivos tienden a imitar ciertas conductas.

"Dicho en otras palabras se trata de un ícono que está de moda y cuenta con la garantía de ser muy efectivo y económico para quienes en verdad desean poner fin a su existencia", concluyó Escobar.

Curiosamente, en el caso de Bertha Alicia los conceptos siquiátricos y sicológicos en lo único que concuerdan es en la confusión que generó dicha conducta.

Jorge Cardona sicólogo y especialista en identificación de cadáveres del Instituto de Medicina Legal del Occidente, explicó que la mujer no reunía los rasgos característicos de un suicida.

"El porqué decidió asesinar a sus hijas tiene su origen en los antecedentes del núcleo familiar donde creció. Para ella fue mucho más sano llevarlas consigo que dejarlas viviendo en el mundo estricto y poco afectivo de su familia", argumentó el especialista.


El puente colgante, el tercero más grande del mundo, se construyó sobre la hondonada del río Otún y tiene una altura de 55 metros, equivalente a un edificio de 30 pisos. La estructura descongestionó el tráfico.
A su vez, concluyó que es muy probable que la aventura amorosa extramatrimonial que ella vivió no haya sido la causa del doble homicidio y posterior suicidio, sino sólo el detonante de un problema mayor.

Sin embargo, en medio de esta argumentación lo único cierto es que la obra que permitió que 30.000 vehículos que diariamente transitan desde el occidente hacia el centro de Colombia se agilizara, ha sido el sitio preferido para que los afligidos o desorientados sellen un pacto con la muerte.

Soldados, lustrabotas, profesionales, ancianos y adolescentes provenientes de todo el país, vieron en el lugar una segunda versión del Salto del Tequendama, en el río Bogotá, donde otrora los enamorados se rebelaban contra el inexplicable mundo de los sentimientos entregando su vida.

La misma que Bertha Alicia ofreció en un aparente ritual de locura, pero que tal como está escrito en una nota que dejó, acabó por desesperanza.


Crecieron las muertes

Un estudio elaborado por sicólogos y especialistas en epidemiología estableció que desde la construcción del viaducto, los suicidios por lanzamiento se incrementaron en Pereira. La cifra creció de un 4,5% al 33,6%.

El informe precisa que de los 16.411 suicidios registrados en Colombia desde 1992 hasta el 2001, 291 ocurrieron en La Perla del Otún.

En el estudio se establece que los suicidios en la capital de Risaralda aumentaron en un 57% durante esos 9 años; pasando de 21 casos en 1992 a 33 en el 2001.

Sin embargo, se aclara que la tasa de 9,6 por cada 100.000 habitantes en el 2001, no ha sido estadísticamente significativa, aunque esté encima de Bucaramanga, Cali y Medellín.

Luis González, coordinador de criminalística del CTI, de la Fiscalía en Pereira, informó que de los 51 suicidios registrados en el viaducto, sólo 7 fueron mujeres.

El promedio de edad de las víctimas oscila entre los 20 y 40 años y sólo hubo dos adolescentes de 16 y 17 años.

"Las dos hijas de Bertha no se pueden referenciar como suicidios sino homicidios, ya que su madre las arrojó'. preciso el funcionario.

Acotó que muchos de los suicidas son oriundos de ciudades vecinas que llegan a la terminal de transporte y se van para el viaducto. "Hay personas que provenían de Medellín, Manizales, Quinchía y Cartago".

La alcaldesa de Pereira, Martha Bedoya, afirmó que la Administración no ha contemplado la construcción de una malla protectora de las dos vías peatonales del viaducto.

"El problema de los suicidios es algo endémico, de salud páblica y con una simple malla no se puede garantizar que estos desaparezcan", manifestó lamandataria.

La Policía también vigila el lugar, pero eso no ha bastado para evitar que esta vía se siga usando para la muerte.



   
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