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Sábado 19 de Abril de 2014
Concurso
Del dicho al hecho hay mucha historia

Por Jessica Villamil Muñoz - Reportera de El Pais

Aunque no se tiene precisión dónde se crearon los refranes o quién los trajo al Valle del Cauca, se busca rescatar las expresiones orales más populares que hacen parte de la cultura regional. El escritor Gustavo Álvarez Gardeazábal asegura que los dichos se han ido perdiendo y no tienen mucho espacio en la vida diaria, por lo que se debe procurar que sigan usándose. Abuelos los propagaron.

No le busque cinco patas al gato, si se las encuentra puede pegarse un susto que lo deje de mil colores.

Juan Carlos Molina, un joven bugueño, por ejemplo, se paró en la raya, se puso a estudiar y se ganó una beca que le cayó como anillo al dedo. Como era de esperarse no todos quedaron satisfechos y es normal, ya que una cosa piensa el burro y otra el que lo arrea.

Y como a buen entendedor pocas palabras bastan, lo mejor es que no se meta donde no lo han llamado para que luego no se vaya a salir de casillas.

Si usted es de las personas que creció escuchando dichos, decires o refranes es porque esa cultura echó raíces en su hogar y en el de cientos de vallecaucanos, que los han transmitido de generación en generación.

Y aunque algunos refranes parecieran propios de esta tierra, tanto como el pandebono, la lulada o el sancocho de gallina, hay que admitir que la gran mayoría llegaron con los españoles, pero se volvieron parte esencial de las costumbres de esta región.

Tanto, que los abuelos, según dicen los historiadores, decidieron usarlos para educar a sus hijos, como quien dice 'la letra con sangre entra', pues de esa forma creían que sus descendientes asimilaban mejor las enseñanzas.

Un ejemplo de ello lo da la matrona cerriteña Clemencia Zúñiga, cuya madre, según recuerda, todo lo ejemplificaba con dichos.

“Mi mamá para todo utilizaba los refranes: para llamarnos la atención, para hacernos una advertencia. Yo crecí oyéndolos y con ellos crié a mis hijos y todavía se los ‘canto’ a mis nietos, ‘porque vaca que rompe portillo no pierde el vicio’”.

El escritor Gustavo Álvarez Gardeazábal asegura que él también aprendió los dichos de sus padres y, de acuerdo con su criterio, esa debería ser la fórmula para prolongarlos entre los vallecaucanos, por su gran riqueza y juego de palabras.

SU LLEGADA. De acuerdo con los datos históricos que se tienen, los refranes arribaron al Valle del Cauca en la primera mitad del siglo XVI y con el paso de los años se convirtieron en expresiones propias.

Sin embargo, a diferencia de otras regiones que también los utilizan en sus relatos, en el Valle estos decires eran mucho más cultos y con un gran estilo porque “la gente del valle del río Cauca era bien organizada y estable económicamente”, dice el historiador palmirano William Mayama, quien agrega que las frases picantes eran manejadas más por los campesinos del Eje Cafetero.

Pero 'a otro perro con ese hueso' pareciera querer decir el historiador Germán Patiño, quien afirma que “los refranes son colecciones de experiencias vividas y no tienen un lugar de origen específico, pero continúan vigentes así su lenguaje aluda a épocas remotas o a espacios en los que la gente ya no vive”.

Se pierden. Algunos dichos, sobre todo los que aluden a modos de vida y experiencias muy campesinas, tienden a perderse en las grandes ciudades porque no forman parte de la vida cotidiana de los citadinos.

Una muestra de ello es que en las urbes los jóvenes tienen su propia ‘jerga’, muy acorde con la publicidad de los medios de comunicación, la tecnología y hasta los animales.

José Zuleta, funcionario de la Biblioteca Departamental, asegura que “los muchachos han involucrado productos de consumo masivo a sus expresiones”, por lo que los refranes están ‘out’ o mejor ‘ya no son la última Coca-Cola del desierto’.

Álvarez Gardeazábal agrega que “la cultura del refrán se ha interrumpido porque la tradición oral ya no tiene mucho espacio dentro de la vida diaria. Antes las tertulias familiares se realizaban alrededor del comedor y ahora se hacen frente al televisor. Entre la juventud podría haber dichos con los elementos de ahora, pero no los hay, ni los crean”. Es que los jóvenes prefieren 'no gastar pólvora en gallinazos'.

Al rescate. Precisamente para tratar de que esta tradición siga viva en la región, la Biblioteca Departamental Jorge Garcés Borrero decidió organizar un concurso en el que los vallecaucanos nacidos y ‘adoptados’ en esta zona pueden recoger las expresiones o decires más significativos o usados en la comarca.

“Es que hay muchas cosas que se han perdido y queremos rescatar”, dice José Zuleta, organizador del concurso.

Para él, las voces populares de los viejos, quienes usaban en las conversaciones y en toda ocasión los refranes como apoyo a la argumentación “son valiosas y hacen parte de nuestra tradición cultural y oral, que buscamos recordar”.

Para Zuleta, los refranes no tienen límites geográficos porque provienen de culturas rurales migratorias.

“Esta región, que es hecha por inmigrantes, tiene una gran diversidad étnica y cultural, pero de todas maneras queremos hacer una recuperación de los decires y refranes más populares sean o no del Valle del Cauca”, agrega el organizador del evento, pues 'camarón que se duerme se lo lleva la corriente'.

El número
6.000 trabajos aproximados han sido recibidos hasta el momento por la Biblioteca Departamental para participar en el concurso.
Cómo inscribirse

La Biblioteca Departamental pretende rescatar las expresiones orales más populares de la cultura vallecaucana. Los trabajos se recibirán hasta el próximo 15 de mayo.

La Biblioteca Departamental Jorge Garcés Borrero ha comenzado a elaborar una agenda literaria y una de ellas, sin duda, es la recuperación del patrimonio del Valle del Cauca. Para ello, se empezará por rescatar los refranes y dichos populares más usados en la región, sean nativos o no.

Las bases del concurso son:

Podrán participar los vallecaucanos residentes o no en el departamento. También los oriundos de otras regiones y hasta extranjeros que prueben que llevan viviendo más de tres años en esta tierra.

Para hacer parte del concurso debe presentarse un grupo de refranes no inferior a 20 y debe indicarse la región del Valle donde se usa o se usó.

Deben presentarse tres copias de los escritos, en computador, en papel tamaño carta, en letra doce puntos, debidamente anillados y numerados.

Enviar los trabajos a la Biblioteca Departamental, en la Calle 5ª N° 24ª-91, de Cali, Valle.

El plazo de recepción de los trabajos será hasta el 15 de mayo del 2007, hasta las 6:00 p.m. y la premiación se realizará en el mes de septiembre.

Se premiaran los refranes más originales, para ello se tendrán cuatro categorías que son la mejor compilación, afrodescendientes, indígenas y de parlache. El premio mayor será de dos millones de pesos.

En pocas palabras

“Como parte de la historia y como lo que nos ha pasado, es bueno que se recuperen los refranes, pero no para marcar pautas para educar a los niños o a las nuevas generaciones, porque en la mentalidad infantil puede resultar rígido e inamovible”. María Elena Palomeque, educadora.

“Los refranes hacen parte de la tradición oral y esta se ha ido perdiendo a medida que avanza el computador y el televisor. Yo los aprendí por mis padres y esa debería ser la fórmula para poderlos prolongar”. Gustavo Álvarez Gardeazábal, escritor.

LOS MÁS USADOS

Valle es Valle, lo demás es loma.

Al son que me toquen bailo.

Más hambriento que ratón de iglesia.

Al caído, caerle.

Más peligroso que chocolate crudo.

Más simple que beso de boba.

Lo que nada nos cuesta volvámoslo fiesta.

Barriga llena corazón contento.

El que tiene rabo de paja no se acerca a la candela.

El que peca y reza, empata.

Una cosa piensa el burro y otra el que lo arrea.

A falta de pan, buenas son tortas.

Más peligroso que una puntilla en un tobogán.

Que no diga de esta agua no beberé.

El que por su gusto muere, hasta la muerte le sabe bien.

Donde menos se piensa, salta la liebre.

Barriga llena, corazón contento.

Quien canta sus males espanta.

Más blanco que nalga de monja.

Para todo hay remedio menos para la muerte.

Ojos que no ven, corazón que no siente.

No da puntada sin dedal.




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