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Viernes 08 de septiembre de 2006

Entre Fuegos
Furchi, el bombero que no apaga sus sueños

Por: Henry Delgado Henao - Reportero de El Pais

Hoy, a sus 79 años, Alfonso Jorge Furchi (izquierda), dedica su vida a vender dulces y gomas en un puesto ambulante que está ubicado al lado del cuartel general de bomberos, el que hasta hace diez años fue su centro de operaciones.
Maryuri Vanegas I El País
Este argentino que llegó hace 47 años a Cali hizo toda una carrera en el cuerpo bomberil y se retiró como sargento mayor. Aún se le pone la ‘piel de gallina’ cuando ve salir las máquinas a atender emergencias. Reconstruyó carros y participó en campañas a favor de la ciudad.

De niño siempre quiso ser bombero y su voluntad se cumplió.

Pero su sueño ha sido tan grande que hoy, después de haber logrado pensionarse, sigue al lado del cuartel general, en la Avenida de Las Américas. Ya no como miembro activo, sino como vendedor de dulces.

Así es. Este sargento mayor instaló un carrito de confites casi al frente de las máquinas. Pero eso no le importa. Lo que realmente le interesa a Alfonso Jorge Furchi -este bombero argentino que dedicó casi medio siglo de su vida a ese oficio-, es permanecer al lado de la institución, hasta que sus fuerzas ya no le den más.

No sabe si es debido a su temperamento gaucho, pero aunque es consciente de que ya no tiene el fervor de los años mozos para apagar incendios y rescatar gente de inundaciones, aún quiere sentirse bombero.

“Para mí esto es un chicle y quiero mucho a la institución”, expresa con los ojos aguados.

“A veces se me pone la carne de gallina cuando veo salir las máquinas”, añade este bonaerense que llegó a Cali a mediados del año 1959, cinco meses después de haber iniciado una travesía desde Buenos Aires en una vieja máquina de bomberos ‘Brodway’, que tenía como destino final la ciudad de Nueva York. Pero al pisar tierra caleña decidió anclarse en la Sultana del Valle. Sus compañeros de viaje siguieron el rumbo y llegaron a Estados Unidos a finales de ese año (1959).

Le dieron permiso. “Luego de jubilarme, los pies me arrastraban hasta el cuartel. Me aburría en la casa sin hacer nada. Así que un día le pedí al comandante que me dejara quedar allí, así fuera vendiendo golosinas”, cuenta.

Y así fue. A pesar de la sorpresa que causó la petición de Furchi, le dieron el permiso.

A los ojos de todo el mundo es un humilde vendedor ambulante. Pero ante los de sus compañeros y amigos sigue siendo el sargento mayor.

“Nosotros lo saludamos con el rigor de un suboficial. Nos ponemos de pie y le damos parte del servicio con las novedades que existan”, comenta el sargento José Alejandro Peralta.

Y no es para menos, pues dentro de su historial se destacan la reconstrucción de dos máquinas extintoras, una de las cuales está en el Cuerpo de Bomberos de Florida y la otra en Pitalito, Huila.

Estuvo al frente de la guardia durante diez años y organizó unos de los operativos más grandes en Yumbo, cuando estallaron varios tanques de aceites y de otros combustibles.

De igual manera, participó en campañas cívicas en favor de la ciudad, como el cambio de imagen de la locomotora que estaba ubicada en la glorieta del antiguo Ferrocarril del Pacífico y que se convirtió en símbolo del desarrollo de Cali.

“Furchi no sólo ayudó a mejorarla, sino que sacó de su bolsillo para comprar la pintura. También colaboró en la instalación del mástil con el tricolor nacional en el cerro de la Bandera”, recuerda el narrador deportivo Jairo Aristizábal, quien organizó las campañas.

El número
70 pesos mensuales devengaba el sargento Furchi entre los años 1961 y 1962. Hoy percibe una pensión equivalente a un salario mínimo.
Nunca regresó. Frisaba los 32 años cuando arribó a Cali con sus colegas argentinos y desde entonces comenzó a echar raíces.

Aquí hizo curso de bombero y después estudió en el Sena Mecánica Industrial y soldadura.

No estudió una carrera y por eso no pudo ser comandante. Pero sí fue jefe del hogar a los pocos años de haber tomado asiento en la ciudad.

Tiene cuatro hijos, la mayor tiene 41 años y es abogada.

Con sus ahorros, Furchi logró comprarse una casa en el barrio La Rivera, en donde vive con Leticia Sánchez, su actual esposa y madre de dos de sus hijos.

“Me enamoré de Leticia como me enamoré de Cali y por eso nunca regresé a Argentina”, dice. Con orgullo saca de su billetera la cédula de extranjería que lo acredita como residente.

Pero Furchi no es el único extranjero que ha pasado por los bomberos de Cali. También lo han hecho ingleses, españoles y alemanes, como Luis Fisher Von Becker, quien fue comandante en el año 1930.

Pero el único foráneo que sigue al lado del cuartel general es el sargento mayor Alfonso Jorge Furchi, quien a pesar de estar fuera de las filas continúa soñando como bombero.

Y en medio de risas comenta que ya no apaga incendios. Ahora sólo apaga deudas.

Perfil

Alfonso Jorge Furchi

Lugar de nacimiento:Buenos Aires, Argentina, el 23 de junio de 1927

Estudios: Mecánico Industrial del Sena

Trayectoria: Fue bombero de La Boca, en Buenos Aires. Al llegar a Cali continuó su carrera y alcanzó el rango de Sargento Mayor. Estuvo en las filas hasta 1996.




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