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Domingo 12 de noviembre de 2006

Cultura
El Isaacs



Así luce hoy el Jorge Isaacs, luego de ser sometido a remodelaciones hace 17 años. Los suelos de los cuatro palcos están recubiertos con alfombra. Las mesas de madera del salón de baile de los años 60 fueron reemplazadas por silletería moderna.
Foto: Jorge Orozco I El Pais
Inmigrantes italianos y artesanos caleños le pusieron el toque. Modernos equipos de iluminación, pisos y una caja acústica de 33 metros de alto son algunas de los modificaciones que se hicieron en el teatro. Situaciones trágicas y rumores urbanos hacen parte de su historia. Un veterano que da cátedra en la cultura de la capital del Valle.

Es un veterano de la cultura caleña. Un testigo vivo del arte que se ha escrito en la capital del Valle en los últimos 75 años.

No en vano, por el glamuroso escenario del Teatro Jorge Isaacs han pasado campeonatos de salsa y tango, conciertos, obras de teatro y hasta importantes espectáculos internacionales.

Desde su fundación, este espacio cultural se ha llenado de tantas historias que para muchos caleños se convirtieron en leyendas.

Si no que lo diga Alonso Rivera, quien ha dedicado 26 años de su vida al teatro, trece de los cuales le pertenecen al Jorge Isaacs, el sitio que lo acogió como uno de los mejores técnicos para el montaje de espectáculos.

En su memoria están vivos los recuerdos, como aquel accidente que sufrieron los actos en el ensayo de Molly Braun, la primera obra de reestreno del teatro, que dejó varios heridos.

O, un poco más reciente, aquella monumental presentación del Ballet de San Petersburgo y Moskú, la primera sobre hielo que se llevaba a cabo en este escenario cultural.

Es que la historia del teatro está ligada a la de Cali. De hecho, un incendio que casi consume su estructura, cuando el teatro apenas despuntaba, fue el ‘detonante’ para que nacieran los Bomberos Voluntarios.

También en la memoria de los más ‘antiguos’ se cuenta que los pasillos del recinto cultural aún esperan las notas del caballero del tango. La muerte de Carlos Gardel, en un accidente de aviación en 1935, antes de su presentación en el escenario del teatro, dejó a miles de caleños sin la posibilidad de escuchar al ‘Rey del arrabal’.

Las anécdotas están a flor de piel, como aquella vez que el salón de baile fue cerrado por una pelea entre dos hombres cuyas diferencias los llevaron a una agresión con armas.

No todo ha sido felicidad para este teatro de estilo europeo, con amplia influencia italiana. Los trabajadores del teatro recuerdan cómo en la década de los sesenta los muros y cielo falsos de la instalación quedaron en ruinas y se convirtieron en el sitio preferido por los maleantes para esconderse.

Este fue uno de los momentos más oscuros del teatro. Durante los setenta y ochenta, este espacio para el arte estaba dividido. Sobre la Carrera Tercera funcionaba el Teatro Alférez Real, donde se proyectaban películas pornográficas y por la Calle 12, el cine rotativo de acción era la atracción.

La zona se fue diluyendo y la cultura fue arrinconada por billares, pequeños locales comerciales y puestos de venta de empanadas y licores, mezclados con los travestis que se empezaban al asomar en la noche.

Durante más de 15 años, el Jorge Isaacs pareció marchitarse. Su bella estructura se deterioró, los letreros callejeros arruinaron los muros y la suciedad carcomía sus paredes.

Parecía increíble que el sueño de Hemann S. Bohmer, el visionario que compró un lote por $600.000 para construir un salón de espectáculos, se diluyera sin que a nadie le importara.

La indiferencia arruinaba un teatro que había sido catalogado monumento nacional en 1984.

Tuvieron que pasar cinco años, después de esta distinción, para que comenzara el renacer del Jorge Isaacs.

Alonso, Javier y Elsa, trabajadores del teatro, recuerdan cómo gracias a las labores emprendidas por María Isabel Caicedo y un grupo de arquitectos e ingenieros, liderados por Álvaro Tobón, se restauró el espíritu perdido del escenario cultural.

Reacondicionaron la sala, que tiene una capacidad para 1.500 personas; se cambiaron los vidrios rotos por unos de seguridad. Se instalaron ventanales y se pusieron bordes con finos yesos.

Hoy, el teatro cuenta con 188 reflectores, luces robotizadas, consolas computarizadas y un talento humano preocupado por lo que llaman su segundo hogar. Aunque pocos parecen recordar que el teatro está de ‘cumple’, para Cali el Isaacs está tejido a su ADN cultural.

Tres datos claves

1. La caja acústica de 33 metros de altura del Teatro Jorge Isaacs, similar a once pisos, es considerada la más alta de Latinoamérica junto a la del Teatro Colón de Buenos Aires.

2. Escenas bucólica de la tradición neoclásica, capiteles jónicos, balustradas, columnas y un vitral que reproduce el escudo de Cali hacen parte de la riqueza arquitectónica del teatro.

3. El Teatro Jorge Isaacs, que fue adquirido por la Administración Municipal en 1986, cuenta con 10 empleados.




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