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Domingo 02 de mayo de 2010

Regional

Zaragoza: una fiebre billonaria



Por Jessica Villamil Muñoz y Zulma Lucía Cuervo

Negocio. Las joyerías y compra-ventas de Buenaventura optaron por comercializar el oro que los barequeros sacan del río Dagua. Ofrecen precios similares a los que se manejan en la boca y que oscilan entre $50.000 y $53.000. Evaden el pago de regalías.Informe exclusivo. Foto: Jorge Orozco / El País
Dueños de las máquinas que dragan en la mina dicen que han sacado 40 toneladas de oro que suman $2,1 billones. Más de $80.000 millones en regalías cobra la ilegalidad.

Ni siquiera el banco más rentable de Colombia, que obtuvo un billón de pesos en utilidades el año pasado, logró superar el negocio que encierra la extracción ilegal de oro en el corregimiento de Zaragoza, en Buenaventura.

Se especula que en esa mina, que tiene una extensión sobre el río Dagua similar a la distancia que separa a Cali de Palmira, se movieron $2,1 billones en el 2009.

También se dice entre los operadores de las máquinas que del afluente se han sacado 40 toneladas de oro. Expertos calculan, con base en las características de la zona y lo extraído hasta el momento, que quedan 160 toneladas escondidas entre tierra, piedras y agua. Por eso, Mario Serrato, líder de los dueños de las retroexcavadoras y dragas, califica como “una canallada” que alguien quiera desalojarlos. Es más, cuestiona que critiquen el aspecto devastador que ha tomado el río desde marzo del 2009, cuando empezó a ser dragado. “Dicen que eso acá está muy feo, pero no es cuestión de estética, sino de comida”.

Él no es el único que piensa así. Otras ocho mil personas, entre dueños de máquinas y mineros artesanales, se pelean por asentarse en esos 24 kilómetros que no ofrecen un techo para resguardarse, tampoco agua potable para saciarse en las extensas jornadas y menos prestaciones sociales.

Es inocultable que el negocio del oro es atractivo a pesar del peligro que encierra. Cada gramo que se extrae de la cuenca del río se vende a $53.000. Cuando el día está “flojo” se paga a $50.000, un valor nada despreciable si se tiene en cuenta que muchos le sacan al Dagua 20 gramos en una jornada.

Hay historias de hombres que en tan sólo media hora extrajeron un kilo de oro, es decir, entre $50 y $53 millones.

El alcalde de Buenaventura, José Félix Ocoró, se resiste a creer dicha maravilla. Sostiene que es asombroso que una sola persona obtenga dos gramos de oro al día. “Eso serían mínimo $100.000 diarios y si se compara con lo que devenga un Secretario de Despacho, un minero lo estaría superando en salario y se estaría acercando a lo que gano yo como Alcalde”.

Aunque el Mandatario se muestre escéptico, a simple vista se puede percibir que la realidad es otra. Basta con acercarse al kilómetro 27, en la vía al Mar, para ser testigo de transacciones económicas permanentes de grueso calibre. Las ‘oportunidades’, incluso, se encuentran regadas por el suelo.

Así les sucede a decenas de niños que van a la mina: Barren el piso que rodea las mesas donde se pesa y se comercializa el metal. La tierra que sale fácil es depositada en un balde y luego se lava con abundante agua en un colador hasta que rescatan partículas doradas. “Los que están de buenas completan el gramo”, cuenta Roberto López*, un comprador de oro.

El destello de los avivatos

Un destello de suerte no es suficiente para enriquecerse. Mario Serrato sostiene que quien se establece en Zaragoza para comprar oro necesita por lo menos $500 millones diarios.

Y es que el negocio es rentable, pero también requiere una jugosa inversión. Sólo una máquina retroexcavadora de ‘segunda’ vale entre $250 millones y $280 millones y su mantenimiento diario (gasolina y revisión) alcanza los tres millones de pesos.

Si el capital del interesado en la minería no asciende a tanto, entonces hay opción de alquilar el aparato: $100.000 cuesta rentar una hora sin combustible y $150.000 cuando la máquina está tanqueada. Algunos únicamente pagan por una jornada de doce horas, pero trabajan en la noche porque se dice, rinde más.

En la mina podría decirse que funciona una particular cadena productiva. Pocos trabajan solos, porque eso significa un riesgo mortal.

Los dueños de las máquinas se instalan en un socavón con sus parientes. Abren huecos de hasta quince metros y lavan la tierra sobre un cernidor que alcanza los dos metros de alto y en una tela fina queda toda la ganancia. También permiten que desconocidos tengan un corte —tiempo autorizado de una hora para barequear— Eso sí, la cantidad es mínima, comparada con lo que acapara el cernidor. “Cuando salen del hueco se encuentran con el mejor precio del mercado, para qué caminar y exponerse al peligro”, dice Serrato.

Sin embargo, no hay reglas y el barequero puede hacer con el oro que halle en el río lo que mejor le parece. Unos venden a los dueños de las máquinas y se van directo a su casa con los bolsillos llenos; otros caminan unos pasos y lo dejan en las mesas que hay en el kilómetro 27.

También hay quienes son más osados y se desplazan con el producido hasta Buenaventura, donde hay prenderías y joyerías interesadas en el negocio. “Nosotros ofrecemos el mismo precio que en la mina. Con ese material hacemos joyas”, sostiene Carmen Rengifo*, dueña de una compra-venta.

“No hay una consistencia en las ganancias. Mientras un barequero se puede ganar cien mil pesos en un día, también puede obtener hasta dos millones al día siguiente”, precisa el minero Carlos Valencia*.

La ‘basurita’ plateada

Experimentados mineros sostienen que el oro que sale de Zaragoza tiene una calidad ‘media alta’. Es decir, que alcanza una Ley 850 (20 quilates), aunque la pureza del metal puede llegar a Ley 1.000 (24 quilates). “Todo depende de la cantidad de adherencias que tuvo en su estructura geológica: Oro, cobre, bromo, potasio y argón”, explica Mario Serrato, quien procede de una familia chocoana con cien años de tradición aurífera.

No usan químicos. “El ojo se va perfeccionando. El mejor oro tiene un color rojizo”, agrega el comerciante Justiniano Peña*, quien lleva diez meses en la compra-venta del oro.

Como él hay otros 34 hombres que no se mueven de sus mesas. Permanecen allí sentados hasta doce horas seguidas porque en cualquier momento llega la bonanza. Aunque se le pregunta, jamás revela cuánto dinero ha pasado por sus manos en ese tiempo.

Lo que sí cuenta son los trucos del negocio: Cuando llega el oro se calienta en un cucharón de metal sobre una mecha encendida con alcohol. Después de unos segundos el metal empieza a desprender otros elementos a los que llaman ‘basurita’ y luego son depositados en una bolsa.

Los mineros saben que de allí se extraerá cobre y acero, pero no reclaman. “Esa ‘basurita’ se clasifica y se vende más barato, pero también da plata”, precisa Roberto López*.

* Nombres cambiados.

Regalías del oro de las minas se quedan en manos de los particulares

De los $2,1 billones que se dice ha generado en ingresos la explotación de oro en Zaragoza, $84.000 millones debieron ingresar a las arcas del Estado como recursos de regalías, pues por el oro se debe tributar el 4%.

De ese dinero, $73.000 millones tendrían que ser girados a Buenaventura, $8.400 millones más para el departamento del Valle del Cauca y $2.600 millones irían a nutrir el Fondo Nacional de Regalías.

Soñando con el dinero que nunca llegó, el Puerto habría podido pagar la deuda con los bancos y demás acreedores y dejar atrás la intervención de sus finanzas, producto de la aplicación de la Ley 550 que obligó a los municipios inviables financieramente —como es el caso de Buenaventura— a acordar un plan de pagos.

Pero la millonaria suma que aliviaría el problema de inversión en la localidad, es sólo ‘fantasía dorada’. La realidad muestra que entre el 2009 y el primer trimestre de este año, a Buenaventura sólo llegaron cerca de $1.500 millones por cuenta del ‘boom’ del oro, según información suministrada por el Municipio y el Instituto Colombiano de Geología y Minería, Ingeominas. Es decir, sólo 4,86% de los recursos que deberían ingresar llegaron efectivamente a las arcas porteñas.

¿Dónde se quedan los recursos?

Los millonarios recursos se quedan en el mercado negro que hay detrás de la comercialización del oro, tanto en la zona donde se explota como en Cali y Buenaventura.

La ruta de este negocio empieza en el corregimiento de Zaragoza, donde los barequeros venden el metal que extraen de las entrañas del río Dagua a los compradores de las mesas instaladas en el sector.

Estos intermediarios pagan entre $50.000 y $53.000 el gramo del mineral. Luego se dirigen a las fundidoras ubicadas en Cali, donde pueden recibir entre $57.000 y $59.000 por cada gramo de oro. Y aunque el oro debería venderse con un formulario de declaración de regalías, en la práctica, esto no se cumple.

Un periodista de El País constató que en dos fundidoras de Cali no se pide ningún tipo de papel para vender el preciado mineral.

La única exigencia de las empresas es llevar el metal, el cual es sometido a un proceso para determinar su calidad. En el lenguaje del negocio se conoce como determinar ‘la ley’ siendo ley 1.000 el oro puro, o de 24 quilates.

En una de las fundidoras visitadas, el vendedor del oro presencia el proceso de limpieza, se establece la calidad del oro (ley en lenguaje minero y quilates en lenguaje común) y fundición del metal. Una vez listos estos procedimientos se pesa el oro y se liquida. El pago se hace en efectivo y no se entrega ningún tipo de documento que verifique la transacción comercial.

Otra de las fundidoras paga el oro a un precio que varía dependiendo de la hora en la que se lleve el material —ya que se manejan dos cotizaciones (mañana y tarde), dependiendo del cierre que hace la Bolsa de Londres, donde se fija el precio de referencia del oro—.

Vea galerías fotográficas


Allí no se espera al proceso de fundición sino que ‘a ojo’ del empleado de la fundición se determina la calidad y se paga. En este lugar entregan un recibo, pero no tiene ningún efecto para pago de impuestos ni de regalías. “Las regalías las declaramos nosotros, no quien nos vende el material”, señaló el empleado, aunque aclaró que si se quiere una factura, debe presentarse el Registro Único Tributario, RUT, que expide la Dirección de Impuestos y Aduanas Nacionales, Dian, y por presentar ese documento pagan $300 más sobre cada gramo.

En otros casos no se lleva el oro a las fundidoras, sino que se vende en las compraventas y joyerías del Puerto, donde pagan $53.000 o en las compraventas del pasaje de Santa Librada en Cali, donde lo compran por $57.000.

La manera legal

Según Carlos Hernández, director del Departamento Técnico-Industrial del Banco de la República, para que la entidad compre oro a los particulares, estos deben presentar fotocopia de la cédula (para personas naturales) o certificado de cámara de comercio (para personas jurídicas), formulario de declaración de regalías (que entregan en los municipios o que se puede bajar de la página web de Ingeominas) y fotocopia del RUT.

El material se queda en el Banco durante algunas horas. En ese tiempo se hace un análisis para determinar la calidad y se liquida con el precio del día. “Nosotros hacemos unos descuentos correspondientes al pago de honorarios por el análisis, se le resta el IVA (8% para las empresas que estén en régimen común y 16% para personas naturales), la retención en la fuente para las personas naturales y el 4% de las regalías”, indicó el funcionario.

Legalizar la explotación del dorado es una tarea difícil

La idea del Gobierno Nacional de legalizar la explotación de oro en Zaragoza, delimitando una zona para el desarrollo de esta actividad y otra área de reserva natural, podría quedarse en buenas intenciones.

Para legalizar la actividad, el Estado debe entregar en concesión el sector. La concesión, más conocida como título minero, es similar a un contrato de arrendamiento de un área que hace el Estado con un particular, que le da a este último el derecho a explorar y explotar minerales, que son de propiedad de la Nación.

Pero Zaragoza ya tiene dueño temporal. El Ministerio de Minas y Energía otorgó años atrás cuatro títulos mineros a igual número de empresas que están desarrollando obras en la doble calzada Buenaventura-Buga y en el terminal de contenedores Tcbuen. Algunos de esos títulos tienen vigencia de 20 años.

Para poder asignar estas zonas nuevamente, los actuales tenedores del título minero deberían renunciar a estos.

“Es muy sencillo, usted no puede arrendar dos veces un mismo bien así sea para dos actividades diferentes. La solución es que los actuales operadores renuncien a las concesiones”, dice Luz Marina Aristizábal, funcionaria de Ingeominas.

Y es allí donde está el problema, ya que los propietarios de los títulos mineros no están dispuestos a renunciar a ellos, ya que de estos dependen el desarrollo de las obras viales y portuarias de Buenaventura.

Andrés Felipe Rengifo, gerente del proyecto de explotación de material de río de la Constructora Colpatria, una de las tenedoras del título minero, explica que renunciar a esta concesión implicaría no tener el material que necesita la construcción del terminal de contenedores.

La excepción

La norma dice que se exceptúa del título minero el barequeo (extracción artesanal). Pero en Zaragoza, más que barequeo, lo que se da es una extracción acompañada con máquinas retroexcavadoras y dragas.

“Y sin embargo, ante la declaratoria de área especial que se puede asignar a esta zona para la explotación artesanal, también se necesita que el área esté libre”, explicó Jaime Jaramillo, director de Responsabilidad Social de Mineros S.A., una firma colombiana dedicada a la minería de metales preciosos.

Además, explica Jaramillo, los barequeros deben organizarse en asociaciones y como las demás empresas dedicadas al negocio, deben declarar las regalías de la totalidad del oro extraído y comercializado.

Esta situación sacaría a los intermediarios (los compradores de las mesas) del negocio y, en muchos casos, estos son los que patrocinan la explotación del oro.

El País trató de conocer la posición del Ministerio del Interior sobre los problemas para la legalización, pero no obtuvo respuesta.

“Yo no actúo a empujones”: Alcalde de Buenaventura

Aunque esta semana se conoció que un fallo de un Juez ordena desalojar de manera inmediata la mina de Zaragoza, el alcalde de Buenaventura, José Félix Ocoró, se opuso otra vez, tal y como sucedió con las órdenes que ha dado el Gobierno Nacional.

Sostiene que no actúa bajo presiones y tampoco “a empujones” haciendo referencia a las diferentes manifestaciones de rechazo que ha recibido por no acatar las sugerencias de la Corporación Autónoma Regional del Valle, CVC, y menos las ordenes dadas por el presidente Álvaro Uribe y los reclamos de los gremios. “No voy a asumir la masacre de más de 8.000 personas que están trabajando en la mina. Prefiero someterme a la ignorancia de los que afirman que yo no quiero actuar”, precisó.

Aseguró que antes que la situación fuera irremediable ordenó a la Fuerza Pública un desalojo, pero ésta no fue capaz. “La mina de Zaragoza es a cielo abierto, donde no sólo se tiene acceso por un socavón, sino por el corredor terrestre, fluvial o por la montaña. Como es tan vulnerable no es sólo desalojar, sino hacer presencia permanente”, aseguró el Mandatario local.

Manifestó que es difícil retirar a las cerca de ocho mil personas de esos 24 kilómetros de extensión porque se presume que cada mes el negocio del oro deja recursos superiores a los $35.ooo millones. “Esta es una actividad codiciada que genera enfrentamiento y conflicto, así lo demuestran los 24 muertos, producto de la violencia”, indicó.

El alcalde José Félix Ocoró reitera que el negocio del oro es muy productivo. Sin embargo, aunque en muchos sectores del Valle del Cauca se rumore que tiene máquinas en la zona trabajando para su beneficio, responde que es mentira.

“Le juro por mis hijos, por mi mamá, que no tengo ni una máquina retroexcavadora en la mina de Zaragoza. Por mi familia que es lo que más quiero juro que no tengo ninguna vinculación que me genere diez centavos en la zona”, afirmó.

En pocas palabras

"Solamente el 40% de la población que está en la mina pertenece a Buenaventura. Por eso no podemos decir que los recursos de esa explotación sean una panacea”.

"En la mina hubo ciudadanos coreanos, que no llegaban a siete, y brasileros que no llegaban a tres. Entre los dos grupos no tenían más de doce máquinas”. José Félix Ocoró

Más datos de interés

  • En la zona de explotación de oro las ventas de comidas están a cargo de personas que provienen de Buenaventura, Timbiquí y Barbacoas, en el Cauca. El resto del comercio es administrado por antioqueños.

  • En diciembre aumentaron las ventas en bares, estancos y almacenes de electrodomésticos.

  • En la historia de Buenaventura ha habido explotación minera en los ríos Yurumanguí, Raposo, Naya, Cajambre y Dagua.

    Regalías

  • Según la ley, el precio para la liquidación de las regalías de metales preciosos será del 80% del precio internacional promedio del último mes publicado por la bolsa de metales de Londres y que se puede consultar en la web del Banco de la República.

  • Los joyeros, casas fundidoras y comerciantes son agentes retenedores de regalías.



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