Google
Lunes 07 de junio de 2010

Cali

Huérfanos de padres vivos



Por Alda Mera, reportera de El País

Esta niña (derecha) y sus cinco hermanitos, abandonados por sus padres, esperan en un hogar de paso.
Foto: Alvaro Pío Fernández / El País
La pobreza extrema lleva a algunos padres a abandonar a sus hijos.

La pobreza tiene rostros de menores de edad, que terminan siendo hijos del Estado ante el abandono de sus padres, quienes acosados por la miseria, falta de trabajo y educación, los dejan a la deriva. A duras penas con un mensaje:

“Me voy de la casa porque estoy aburrida de tanta pobreza, nunca los he querido, ustedes son muy cansones, sobre todo Bryan. Ya no soporto más”. Esa es la única herencia que les dejó Mariela*, de 34 años, a sus seis hijos de 12, 6, 5, 4, 3 y 2 años. Lo leyó Yomaira*, la mayor, quien le reclamó a Bryan: “¿Si ve? Por su culpa se fue mi mamá”, una mujer agobiada por la falta de recursos para alimentarlos, con lo poco que el padre gana trabajando en una finca fuera de Cali.

Ellos no comprenden la dimensión de la sentencia maternal que los llevó a uno de los nueve hogares de paso que tiene la Secretaría de Desarrollo Territorial y Bienestar Social de la Alcaldía de Cali, en convenio con el Instituto Colombiano de Bienestar Familiar, Icbf, y opera la ONG Crecer en Familia.

Estos seis hermanitos fueron remitidos allí por el Icbf, al ver que la madre huyó con la hija mayor, de 15 años. Pero en otros casos las remisiones las hacen las Comisarías de Familia o la Policía de Infancia y Adolescencia.

Esta última entidad prendió las alarmas, al revelar que entre enero y abril de 2010, padres entregaron 39 menores argumentando no tener cómo sostenerlos. Hace quince días los seis niños de Mariela egresaron del hogar de paso porque sus padres no aparecieron. “Los niños estaban felices aquí porque se sentían protegidos; un almuerzo para ellos era como darles caviar; estar aquí es tener ropa bonita”, dice una de las personas que los atendían.

Como ellos, un promedio de hasta doce niños permanecen en cada hogar de paso durante ocho días hábiles, tiempo estipulado por el Icbf para que el equipo interdisciplinario de Crecer en Familia haga una valoración del menor y remita ese diagnóstico al defensor de familia para tomar la decisión respectiva.

Esos nueve hogares están llenos de rostros tristes mientras se decide su suerte. En esa semana pueden pasar 108 niños en promedio, que sumarían unos 432 al mes, cifra alta para seres que comienzan a vivir.

Aunque la mayoría de las pequeñas víctimas son remitidas por maltrato, abuso sexual, situación de calle, padres consumidores de sustancias psicoactivas, desnutrición o negligencia, la pobreza es una verdad de a puño para los funcionarios que realizan las visitas domiciliarias en un país que suma más de 20 millones de habitantes en la pobreza, más de siete de ellos en la indigencia.

El Icbf actúa así:
  • Entre los programas para la infancia que tiene el Instituto Colombiano de Bienestar Familiar, están:
  • Hogares de paso: Nueve en Cali, donde el menor en abandono o vulnerado pasa ocho días hábiles mientras se define su situación legal.
  • Hogares infantiles: Son 42 en Cali donde se brinda nutrición, atención y programa escolarizado.
  • Hogares comunitarios: 3.994 en Cali, donde madres comunitarias atienden 47.928 niños, con 12 en cada uno.
  • En estas familias donde se incuba la pobreza nacen estos huérfanos de padres vivos, como estos seis menores que ya pasaron a la misma institución de protección del Icbf por ser hermanos, donde serán escolarizados, mientras el defensor de familia investiga en busca de un familiar que asuma su cuidado, dice Ana Fernanda Hurtado, trabajadora social de la Secretaría de Desarrollo Territorial y Bienestar Social de Cali.

    En su defecto, serán declarados en estado de abandono y entrarán en proceso de adopción: pasan a ser hijos del Estado hasta los 18 años, sino encuentran antes una familia que los adopte. Situación que les es indiferente a los chiquillos. “Ellos muestran total desprendimiento de la madre, no la extrañan; más bien ven a la hermanita mayor como figura materna, y ella a su vez se siente descansada de no tener que cuidarlos, y que por el contrario, aquí es atendida”, dice María Fernanda Caicedo Perdomo, psicóloga de Crecer en Familia y directora del Hogar de Paso Ciudadela del Río.

    La miseria infantil en Cali es tamaño familiar. A los hogares de paso llegan chicos, por ejemplo, que recogen basura ocho horas y les pagan $1.000, con los que compran un chicle para siete niños. Y no sucede en los barrios de invasión. Son casos de hogares de estrato 1 y 2. “Cuando se hace la visita domiciliaria ve buenas casas por fuera, pero adentro no hay letrina o duermen hasta siete personas en dos camas, porque tenemos la cultura de la fachada”, dice María Fernanda.

    En pocas palabras

    "Tratamos de articular todos los programas de Bienestar Social para ayudar a toda la familia para que cuando ese niño regrese a casa tenga un entorno sano”. Ana C. Hurtado, de Bienestar Social.

    *Nombres ficticios para proteger la identidad de los menores.

    Hogar de paso

    El hogar de paso es una medida transitoria mientras se hace el restablecimiento de derechos del menor. “Niño que llega aquí no es el problema, es el síntoma de una problemática más compleja que hay en su familia”, dice María Fernanda Caicedo Perdomo, coordinadora del Hogar de Paso Ciudadela del Río.

    Mientras psicóloga, médico, nutricionista evalúan el estado del niño, la trabajadora social visita la familia para buscar la raíz del abandono. “Identificamos quiénes son los sujetos de protección (que pueden asumir su cuidado) y los sujetos de riesgo (que lo pueden victimizar). Apoyamos al núcleo familiar en salud, asesoría psicológica, proyecto de vida y escuela de padres para que el niño regrese a su hogar con todos sus derechos restablecidos. Con este diagnóstico el abogado de familia determina si hay condiciones para devolverlo a la familia, o si pasa a un proceso de adopción”, dice Alexandra Arroyave, trabajadora social de Crecer en Familia.

    “Mis muchachos me hacen mucha falta”

    Mis hijos son lo más sagrado que tengo. Siempre me paré en la raya y dije que mientras tuviera dos manos con qué trabajar ellos iban a estar conmigo. Pero desde que cerraron el basuro de Navarro, mi vida cambió. Hace cinco meses no gano dinero. Por eso, de mis cinco hijos, me voy a quedar sólo con las mellizas pequeñas, porque a Nicolás lo entregué en mayo a Luis, su papá”.

    Fanny Angulo ya había entregado en septiembre a su hijo Michael a su padre y en marzo mandó a su hija Sthéphany para donde una prima. No poder atender sus necesidades básicas por la pobreza la obligaron a repartir su sagrado tesoro.

    “Hablé con Luis, que vive en Ibagué, y le dije que prefería que se lo llevara. Él vino y vio la situación en la que yo vivía, con los servicios cortados, sin nada qué comer y me dijo que le permitiera ayudarme”, dice la secretaria de Redecol, una naciente microempresa que integra 80 ex recicladores de Navarro. Pero por trámites jurídicos ella hace cinco meses no recibe salario.

    “Yo le digo a mi mamá que no me quiero ir, pero ella dice que no quiere que me vuelva un marihuanero”, dijo su hijo Nicolás antes de partir. “Me tocó llevarlo a Ibagué con mentiras, decirle que íbamos a hacer una vuelta... su papá le presentó sus nuevos amiguitos, fuimos a conocer el colegio donde va a reiniciar sexto grado y ayer me despedí de él con la condición de que cuando yo esté mejor económicamente, vuelvo por él, así se quedó tranquilo”, cuenta Fanny.

    Nicolás, junto con Sthéphany, son sus primogénitos mellizos y en junio cumplen 14 años. A la niña la tuvo que mandar donde una prima, porque en el colegio público donde estudiaba amenazaron con violarla. “Allá está feliz en otro colegio, saca notas sobre 4.5, es mi muñeca. Si tengo para el bus vamos a verla cada ocho o quince días. Me hace una falta horrible, me ayudaba a despachar a las niñas pequeñas para el colegio”, dice Fanny en su casa paterna del barrio Mariano Ramos.

    Ahora Ana María y María del Mar, sus otras mellizas de 5 años, son sus únicas acompañantes. “Siento la casa vacía y ellas fueron al jardín hoy, me preguntan que si Nicolás también se fue quién las va a cuidar”, cuenta conmovida.

    Y que no le hablen de Michael, de 12 años. “Me hace falta, era mi mano derecha, él es de los que se levanta a medianoche si a mí me duele algo, pero no lo veo hace como cinco meses”, cuenta con ojos humedecidos.

    Michael fue de vacaciones a casa de su padre en Jamundí en junio, pero cuando llegó septiembre él y la abuela paterna vieron que era mejor que se quedara con ellos. Y Fanny tuvo que aceptar que su Michael allá tenía mejores condiciones para estudiar, según cuenta desde la sala vacía, sin baldosas y en obra negra. A pesar de la cercanía, pocas veces lo puede ver “porque no tengo ni para los pasajes”.

    Otras historias

    Hogares de paso, una medida transitoria

    Todos los días a las 6:30 a.m. Diana Fernanda Henao toma la buseta Pance 10, en el Distrito de Aguablanca hasta la Calle 5 con Carrera 12. Luego sube a pie hasta el Hogar Infantil Casita de Ruiseñores, del barrio San Cayetano, donde su hija, que en junio cumplirá 4 años, ha encontrado su paraíso.

    Un paraíso de niños con quien socializar, patios donde jugar, sus tres comidas y un salón de clase para irse preparando para su escolaridad. A lo que tiene derecho un niño a esa edad.

    Pero desde su primer año y medio de vida y hasta los 3 y medio, ‘vivió’ bajo el puente peatonal de la Avenida Colombia con Calle 5, donde sus padres tenían un puesto de frutas. Bajo el sol o evitando la lluvia debajo del puente o durmiendo en colchoneta puesta dentro del carrito de frutas, pasó dos años de su primera infancia. El almuerzo se lo compraban en la calle o a veces lo traían de la casa y para ir al baño pedían permiso a los vecinos.

    Esta situación incomodó más a Alexandra Hinojosa, periodista que trabajaba por el sitio, que a los padres de la menor. “Era incómodo, la niña se estresaba, se aburría, comenzaba a cansar a los clientes, la gente a veces se molestaba, para mí era trágico tenerla ahí, pero no tenía a dónde llevarla ni con quien dejarla”, dice la madre, de 24 años, que dejó el noveno grado para irse al Tolima a trabajar en una finca con su esposo, un agricultor. Pero cuando quedó embarazada, regresaron.

    Alexandra comenzó a concientizar y orientar a la mamá para buscar un sitio adecuado para la niña, hasta lograr un cupo en el Hogar Infantil Casita de Ruiseñores, operador del Instituto Colombiano de Bienestar Familiar, Icbf.

    La directora, Patricia Fernández Ochoa, dice que atiende a 153 niños, pero que son más los que quedan por fuera por falta de cupos: “Hacemos un gran esfuerzo por mantener a los que están”.

    Diana se declara en situación de extrema pobreza, pero que jamás pensó en entregar o regalar a su hija. “Sí, he vivido con mucha dificultad, en ese carro de frutas me tocó tener la niña dos años años, pero las personas que entregan sus hijos creo que son gente sin corazón”.

    En pocas palabras

    “Hay quienes piensan que el Estado tiene la obligación de darles todo y los mismos padres mandan a los niños al Icbf para que los reciban allí”.

    “Hay un niño que entra y sale del hogar de paso porque estar en el Icbf se les convirtió en su proyecto de vida a muchos niños, motivados por los mismos padres”. Zulemita Kaim, de la ONG Crecer en Familia.

    Dato clave

    El índice de pobreza en el país en 2009 fue de 45,5%. Pobre es una persona cuyo ingreso mensual está por debajo de $281.384. E indigente es cuando el ingreso mensual no alcanza más de $120.588.




    NUESTROS USUARIOS OPINAN
    Opinar  
    Entrar Chat
    Los mensajes listados a continuación corresponden a los lectores.
    Elpais.com.co no se hace responsable por el contenido de los mismos.
    OTRAS NOTAS DE SECCION
    Cali
    El Miocable quiere tomar vuelo

    Cali
    No exponga su piel al cáncer

    Cali
    Aprueban otra ciudadela educativa

    Cali
    Controversia rodea millonario contrato de seguridad en Emcali

    Cali
    Una fortuna que se ‘cocinó’ a fuego lento

    Comportamiento Humano
    La autoafirmación
    IMPRIMIR
    RECOMIENDE ESTE ARTICULO
    RECIBA ESTA SECCION
    POR EMAIL
    COMENTE SOBRE ESTE ARTICULO
    VER OPINIONES DE ESTA SECCION


      Copyright © 2005 www.elpais.com.co
    Escríbanos: diario@elpais.com.co | Suscripción Impreso | Aviso legal
    Diario El Pais S.A. Cra. 2 No. 24-46 Tel. (572) 8987000 Cali Colombia