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Lunes 15 de enero de 2007

Cali
Bares ‘desvelan’ a la comunidad



La mayoría de los bares están ubicados muy cerca de la unidades residenciales. En otros casos, en el primer piso de los condominios. La comunidad dice que todos los fines de semanas es difícil conciliar el sueño.
Jorge Orozco I El Pais
El ruido que generan estos sitios tiene desesperados a los habitantes de varios edificios de Pampalinda y El Limonar. Muchos de los afectados recurren a las pastillas para conciliar el sueño y, otros, instalaron vidrios anti-ruido en las ventanas. Los vecinos dicen que han recurrido a las entidades de control, pero sin obtener soluciones. Las riñas y balaceras, otros de los líos.

Graciela Varón concilia el sueño con pastillas. Se toma una antes de meterse a la cama y dice descansar como una niña.

El fuerte ruido que generan los seis bares que están a los lados y al frente de su apartamento, en el edificio Cuarto de Legua, sobre la Calle Quinta con Carrera 54, le ‘robaron’ esa imprescindible costumbre del cuerpo que se llama dormir.

“La bulla de esos lugares es insoportable, sobre todo para los que vivimos en los pisos bajos”, comenta la señora Varón, quien vive con una menor de edad en el apartamento.

“Ella duerme en el último rincón de la casa, para que no se desvele”, comenta.

En el hogar de Luzmila Rojas, quien vive en el octavo piso del mismo condominio, también se han tomado serias medidas para evitar que estos ruidos afecten la tranquilidad de la noche.

En uno de los cuartos que dan hacia la Calle Quinta decidieron instalar otro vidrio, esta vez antiruido, para tratar de minimizar el impacto.

“Igual la bulla perturba. No quiero pensar cómo son las noches de la gente de los pisos más bajos, sobre todo cuando la gente de los bares le ponen el llamado ‘bajo’ que se siente hasta en el corazón”, afirma la señora Rojas, a la vez que resalta que la mayoría de las personas que viven en los más de 190 apartamentos son abuelos.

Pero la situación también afecta a los edificios vecinos, como es el caso de la unidad residencial Pampalinda, también en la Calle Quinta.

Fabián López, administrador del condominio, dice que las quejas de los inquilinos y propietarios que viven en los más de 70 apartamentos son constantes. “Hemos hecho cartas, peticiones, de todo para arreglar esa situación, pero no hemos logrado nada”, afirma López.

Esa es la constante entre todos los afectados, quienes dicen que han enviado solicitudes a las autoridades competentes en busca de una solución.

María Nelly López, habitante de la unidad Cuarto de Legua, dice que iniciaron, incluso, acciones jurídicas, pero no sabe qué pasó.

65
“Sé que hay una acción popular a favor de la comunidad, incluso, la gente de los bares ajustaron sus equipos. Hay días que se pueden dormir, pero otros, que hay que esperar que apaguen todo”, comenta.

Violencia. Lo que más preocupa a los vecinos de este sector es que estos bares son frecuentados por muchachos muy jóvenes sin que haya control de las autoridades.

Y también que en estos sitios se han presentado reiterados actos violentos.

“Hace poco hubo una balacera, peleas de borrachos y, cuando cierran el bar, los muchachos escuchan música en los carros y quiebran botellas”, afirmó la señora Varón.

Incluso el señor López dice que algunos de los altercados ha dejado personas muertas.

Por ahora, los vecinos tienen una última esperanza para que se acabe el ruido de los bares: que con las obras de MÍO en la zona, estos establecimientos busquen otro lugar para hacer su rumba y su bulla.

En el limonar

Los vecinos del barrio El Limonar, a la altura de la Avenida Pasoancho con Carrera 66, son otros de los afectados por el ruido de los bares que están cerca de las unidades residenciales.

Las quejas son constantes, según relata José Mosquera, portero del edificio San Giorgio, ubicado detrás de cuatro bares que funcionan en hilera sobre la avenida.

“Los fines de semana la gente llama mucho para quejarse por el ruido. Y nosotros lo que hacemos es llamar a la Policía, ellos a veces vienen, inspeccionan y le bajan a la música, pero cuando se van, los dueños vuelven y le suben al sonido”, afirma.

Mosquera afirma que muchos de las personas que frecuentan los bares siguen la fiesta en la calle, lo que perturba también a los que viven en el condominio.

“Es horrible la bulla, se escucha desde los pisos de arriba. Mi familia y yo estamos pensando en irnos de esta zona porque es vital descansar y si no podemos, pues toca buscar otro sitio en que estemos todos bien”, argumentó Andrés Pulido, quien habita con su esposa y dos niños pequeños en un edificio cercano a la Avenida Pasoancho.

El dato clave
La Ley 99 de 1993 establece que en sectores residenciales no se permitirá la construcción o funcionamiento de almacenes, bares, tabernas, discotecas o industrias.





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