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Jueves 24 de Abril de 2014

Reportajes EL PAIS
Un viaje al porno caleño

Por Lucy Lorena Libreros, reportera de El Pais

La internet se ha convertido en una de las ‘herramientas’ preferidas por los consumidores de porno. También desde la ciudad se están ‘exportando’ páginas hacia el exterior.
Oswaldo Páez | El Pais
Cabinas privadas para observar videos, páginas web especializadas hechas en la ciudad, compras virtuales de objetos sexuales son algunas de las opciones. Algunas películas rodadas en la ciudad, como Lujuria en la Finca de mi Mamá y Sexo en Pance, tienen gran demanda en las videotiendas.

La rubia se contonea de placer mientras enseña sus formas generosas. Jairo está muy cerca de ella, pero no lo suficiente como para desfogar los deseos alborotados de hora y media de gemidos, poses extravagantes y primeros planos.

Tampoco lo está como para intentar tocarla. Ella, una italiana preciosa de labios carnosos, es la actriz porno de una película que se exhibe con éxito en el teatro Cine Oro -en plena Calle 13— y él, de nariz pronunciada y abdomen amplio, es un asiduo visitante de ese lugar que desde hace más de tres décadas comenzó a alborotar los ‘malos pensamientos’ en Cali.

Son las 12:00 del día de un miércoles caluroso y apenas una hora ha transcurrido desde que Jairo y otras 22 personas más ingresaron a esta popular sala de cine triple equis del centro.

La ciudad se derrite bajo 30 grados de temperatura que dentro de este templo de lujuria pareciera duplicarse, de no ser por los pocos, casi contados asistentes que se atreven a guardar la compostura en medio de sombras femeninas que suben y bajan como yoyos en los asientos y del agudo chillido constante de las sillas a punto de desbaratarse.

Muy cerca de allí, en la Carrera 7 entre calles 16 y 17, un hombre joven exhibe otra manera de excitación. Esta vez las formas generosas vienen impresas en las carátulas de versiones piratas de cintas porno que se venden como arroz, pues un paquete de tres cds, que promete “nenas fogosas y ardientes”, se consigue por $10.000.

“Los compradores son de toda clase: pelados, manes viejos, unos con cara de pervertidos, otros normales. Algunos vienen incluso con la novia y todo. Es que ya la pornografía no es cosa prohibida”, dice en tono pícaro el vendedor.

Tres cuadras más atrás, a don Gustavo Peña los quince años dedicado al negocio de la venta de revistas de ese tipo le dan los argumentos para tener la misma opinión. En su kiosco, ubicado en la Carrera 4, forrado desde el suelo con ediciones de todos los pelambres, penden rubias de senos al aire y hombres “que salieron responsables, bien dotados”, a decir de este librero frustrado que sostiene a su familia de tres hijos vendiendo lo que él llama, “entretención para la gente”.

Los precios varían según la procedencia de la revista. “Se consiguen desde $6.000 en adelante. Hay para lesbianas, gays y hasta con animales, aunque esas prefiero no mostrarlas porque son demasiado fuertes”, confiesa el tulueño, de 53 años.

Así, lentamente, por las cuadras del centro de la ciudad se va moviendo el negocio de la pornografía.

Los que sí dejan el pudor a un lado son los dueños del bar El Sol. Allí, la entrada es a $3.500 si el deseo es observar una película pornográfica. El costo puede aumentar si el antojo es poner en práctica lo visto, para cuyo caso están algunas jóvenes que cobran entre $15.000 y $20.000.

Otros de los sitios de este tipo conocidos en la zona céntrica de Cali son Cine American y Romanos, este último una sauna gay donde lo único prohibido es tener ropa. En un día a estos lugares, que se abren desde las 9:00 a.m., pueden ingresar hasta 20 personas.

CERO PUDOR. Pero este mundo de sudor y sexo no sólo se mueve en el centro caleño. Tiendas especializadas en hacer realidad las más avezadas fantasías dan la bienvenida a un mundo en el que se consiguen sin pudor vibradores, consoladores, cremas retardantes, aceites estimulantes, cremas para masajes, lencería, revistas, ‘artículos de disciplina’ en cuero (casi todos importados desde Estados Unidos) y el más completo surtido de películas, ni siquiera imaginable para Hugh Hefner, creador de Play Boy, industria que mueve al año alrededor de US$24 millones en el mundo.

Una de ellas es la videotienda Pussycat, con sedes en la Avenida Sexta y en la Roosevelt, donde además de filmes porno americanos, brasileños, europeos y nacionales —con precios que oscilan entre los $5.000 y los $8.000, en VHS y cd, respectivamente— los clientes disfrutan de cabinas para observar cualquier película, incluso en pareja.

Se trata de cinco pequeños espacios, apenas separados del exterior con una cortina, equipados con una silla de plástico, un televisor, un reproductor de video y un dispensador de papel higiénico, en el que escriben sus historias de pasión homosexuales, heterosexuales y travestis, vestidos de mensajeros, ejecutivos, estudiantes y profesionales.

Es un lugar con sus propios códigos: reserva total, cinco minutos para cambiar de película sino se llena las expectativas o si ya ha sido observada y un ambiente tan agradable y normal que no pareciera servir, precisamente, para desatar la libido durante dos horas.

Su competencia directa es el video Pantera Roja, con tres sedes, una de ellas en la esquina de la Calle Novena con Carrera 50, al sur de Cali.

Según cuenta uno de los vendedores, el asunto va más allá de ofrecer ayudas sexuales, “la pornografía es un verdadero negocio en esta ciudad. Al mes compramos, en promedio, unas doce películas de las que se obtiene una utilidad cercana al 20% y se alquilan a $7.000”.

EL DATO CLAVE
La Ley 679 del 3 de agosto de 2001 es la única restricción sobre pornografía. Fue expedida para prevenir y contrarrestar la explotación, la pornografía y el turismo sexual con menores.
Para el servicio de cabinas, que opera de la misma forma que en Pussycat, dos horas tienen un precio de $8.000 si se trata de una cinta en formato VHS y $10.000 si es en dvd.

Pero no es necesario salir de casa para obtener una revista, una ayuda sexual o alquilar una película. Los avisos clasificados anuncian portales en la web y servicios a domicilio tan completos que usted con sólo una llamada puede hacerse al artículo que desea.

La boutique Romances es una de las empresas que le apuesta a esa manera de mercadeo. Una sex shop, ubicada en Versalles, que ofrece artículos que van desde simples juguetes sexuales hasta revistas porno especializadas, en su mayoría americanas y españolas.

La oferta no termina ahí. En materia de video, el menú incluye opciones con zoofilia, masoquismo, voyerismo, ancianas, enanos, hermafroditas y calvas.

Todo este fenómeno no es gratuito. A juicio del escritor caleño Umberto Valverde (autor de Bomba Camará y Quítate de la Vía Perico, para algunos, con alto contenido sexual), la capital del Valle en su historia reciente viene experimentado épocas en las que el consumo de pornografía ha sido más que evidente.

Aquellas revistas de Hernán Hoyos (bautizado el pornógrafo de Cali por José Pardo Llada), y el cine rojo en los teatros Oro, Jorge Isaacs, María Luisa, Ayacucho fueron el preámbulo de la industria porno de la ciudad.

La llegada de la parabólica y con ella de canales como Play Boy y Venus abrieron la compuerta a la única empresa que creó cine porno en esta capital.

Cali Sex alcanzó a producir más de siete títulos. Dos de los cuales, Lujuria en la Finca de mi Mamá y Sexo en Pance (grabadas en la década de los 80 y producidas por Gustavo Castaño), aún tienen recordación entre los caleños, quienes las alquilan en las video-tiendas triple equis de la ciudad.

Según recuerda uno de sus productores, de cada película se hicieron hasta mil reproducciones, las cuales se distribuían por todo el país. “Pero Cali, no me pregunte por qué, era la ciudad que más las consumía, las ventas que teníamos aquí no se comparan con las de Barranquilla, Bogotá y Medellín donde también abrimos mercado”.

Época de oro para el cine porno criollo que se vino a pique en el 2001, cuando la productora caleña, por líos judiciales, dejó de funcionar. Desde entonces, la ilegalidad ha cobijado el mercado, con películas que no cuentan con los documentos de importación y facturas que expide la Dian.

De hecho, en las calles se exhiben en forma pirata películas como Caleñas Ardientes, Las Yumbeñas, Las Palmireñas y Las Pereiranas.

Empero, Cali no dejó de ser una plataforma para la pornografía. Escenarios y mujeres caleñas siguen siendo apetecidos por productores extranjeros como el italiano Roccosy Fredy. Esto también lo corroboran Hot Latin Pussy 21 y Hot Latin Pussy Going to Back Cali, filmes en los que actúa la estrella porno Nacho Vidal y que se rodaron en el 2003 en la Torre de Cali.

Es más, en lo que va corrido del año, se especula que en la ‘sucursal del cielo’ se han filmado cinco películas para adultos en lujosos hoteles o casas que se alquilan por mil dólares durante dos o tres semanas.

El consumo de pornografía también cruza las fronteras por cuenta de la oferta -que pareciera sin límites- disponible a través de internet. Tiendas como Pantera Roja y la propia Romances cuentan con portales que, aunque simples o en construcción, permiten leer el crecimiento del negocio de la pornografía en la capital del Valle.

Hay otros que no sólo ofrecen fotos sugestivas o lo último en películas de este género, sino que también salpican sus páginas de chicas dispuestas a todo, con teléfono celular incluido.

Algunas páginas están incluso montadas en inglés. Invitan a conocer una Cali que es el “sitio ideal para disfrutar del sexo sin límites”, con links que muestran la oferta hotelera y turística de la ciudad, acompañados de mujeres en ropa interior y poses sugestivas.

Esta es la otra cara de Cali. Una ciudad que muestra un rostro caliente, el cual, según el escritor Valverde, está vinculado a ese mestizaje cultural que hace de esta, una capital sensual, donde la comunicación es a través de la imagen, el cuerpo y el baile.

LISTA DE CIFRAS

- 600 son las personas que se estima pueden ingresar a un solo portal porno, al mismo tiempo, en el mundo.

- 2.580.000, según las autoridades norteamericanas, son las páginas web en español que existen para adultos.

- $6.000 es el monto mínimo que puede cobrar una página web colombiana por el uso de un portal de pornografía.

- 10:00 p.m. y 3:00 a.m. es el horario de mayor tráfico en la red, en su mayoría por el consumo de páginas porno.

- US$24 millones al año son las ganancias que deja Play Boy en el mundo.

- US$300 millones es la capitalización bursátil que se estima tiene esa misma empresa la cual está valorada en unos US$309 millones.

- En 200 países tiene presencia la industria de Play Boy.

- $4.000 cuesta la entrada al Cine Oro en Cali.

- 70 personas ingresan diariamente en promedio a Cine Oro.

- $20.000 es el valor promedio de un libro de sexualidad en Cali.

Lea mañana: ¿Quiénes hacen pornografía en Cali?




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