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“El Valle no ha salido de la narcopolítica”
Mayo 30 de 2010

La analista Claudia López advierte que los desastres electorales suelen ocurrir en las campañas competidas. Dice que en estas elecciones presidenciales hay garantías institucionales, pero no garantías políticas.

Por Margarita Vidal

Es graduada en Finanzas y Relaciones Internacionales en el Externado, tiene una maestría en Administración Pública en Columbia y un grado en Administración y Política de Suelo Urbano en Holanda.

Su trabajo en la investigación y mapeo del escándalo de la parapolítica en el Congreso de la República, fue definitivo. Cuenta que la inquietud se la provocó la indignación que le produjo ver a Mancuso y sus secuaces pasearse por el Congreso como Pedro por su casa, y ser aplaudidos como héroes. El país recuerda estupefacto cómo Salvatore Mancuso, ex jefe de las AUC, se vanagloriaba de haber elegido a más del 35% de los parlamentarios. No faltó quien pusiera el grito en el cielo para tratar de desmentirlo, pero como los hechos son tozudos, las investigaciones de la Fiscalía y de la Corte Suprema de Justicia demostraron que el tenebroso jefe paramilitar se había quedado corto.

López participó también en uno de los estudios académicos más importantes que se han hecho en el país sobre el tema paramilitar, titulado ‘Paramilitarismo. La Ruta de la Expansión Paramilitar y los Acuerdos Políticos’. El ex fiscal Mario Iguarán dijo “inclinarse reverente”, ante ese documento que sirvió de soporte para las investigaciones a su cargo y aceptó las críticas de Claudia a la manera como se han enfrentado las denuncias en el país.

A partir de entonces, esta mujer, valiente y decidida, amenazada y combatida ha venido sosteniendo que el paramilitarismo sigue vivo, lo que se prueba con la reactivación de las mal llamadas “bandas emergentes” en las que ella no cree, porque afirma que son bandas que nunca se desmovilizaron. Piensa que el problema de fondo en esto es que el gobierno negoció con narcotraficantes, les dio estatus cuasi político y beneficios legales, pero no les exigió como contraprestación el desmantelamiento de sus negocios ilícitos, como sostuvo en un reportaje hace dos años en este diario. “El Estado colombiano no tiene ningún dato de cultivos, rutas, cuentas, naves, lavado de activos, redes o estructuras que tenían los jefes paramilitares y la mayoría de ellos sigue administrando sus negocios desde las cárceles”. Como prueba de ello alude a que los cultivos y el narcotráfico en las zonas paramilitares no disminuyeron con la Ley de Justicia y Paz sino que, por el contrario, crecieron.

Como lúcida analista política, Claudia López es solicitada permanentemente en momentos coyunturales para opinar sobre el tema, y como hoy se decide en primera instancia, la suerte del país en materia presidencial, decidí acudir a su pericia para plantearle algunos temas.

¿Cómo afectó esta campaña el hecho de que la inexequibilidad del referendo se hubiera dado tan tarde?

Por una parte produjo una campaña muy corta, de apenas dos meses largos. Y por otro, permitió que otros temas entraran en el debate electoral, por ejemplo corrupción y desempleo. Quedó en evidencia que ni el uribismo ni la seguridad democrática eran los únicos temas importantes en el país.

Mucho se le ha criticado al presidente Uribe un supuesto desinterés en no formar cuadros o generaciones de relevo en política. Sin embargo esta campaña tiene seis candidatos de muy buen nivel, cosa que no ocurre en ningún país del mundo. ¿Qué le dice eso?

Que el Presidente es menos influyente de lo que parecía en determinar quiénes son los líderes del país; los ciudadanos, los medios y los partidos son mucho más influyentes que él y escogieron candidatos de excelentes cualidades para competir por la Presidencia.

¿Cómo afecta la mentalidad electoral del colombiano el bombardeo permanente de encuestas y el hecho de que éstas se hayan convertido, según dicen en una primera vuelta?

No creo que las encuestas hayan sustituido la primera vuelta. En general, pese a algunas manipulaciones, las encuestas principalmente reflejan, no crean, la intención de voto. Pero sí quedó la sensación cierta de que las encuestas se convirtieron más en un elemento de publicidad de los medios, que de información a los ciudadanos. Pasamos de la batalla de los realities a la batalla de las encuestas.

¿Usted cree que Pardo, Petro y Vargas, que van de últimos, hubieran podido tener mejor desempeño si la campaña hubiera sido más larga?

Aunque el referendo los relegó y desgastó, no creo que sea lo que más los afectó. Petro carga con ocho años de desprestigio orquestados desde el DAS, Vargas con el castigo del Presidente por no apoyar su segunda reelección y Pardo con el desprestigio histórico del Partido Liberal. Necesitan más que una campaña larga para superar esos lastres.

¿Cómo explicar el rezago de Rafael Pardo, teniendo un Partido Liberal –disminuido sí- , pero con más de dos millones de votantes?

Tienen más desprestigio que votantes. Tienen divisiones internas, que no se notan en las elecciones de Congreso, donde cada candidato va por su cuenta, pero sí en las Presidenciales. Y tienen un candidato extraordinario, serio y preparado, pero no tan carismático y efectivo para conquistar electores.

¿Se equivocaron César Gaviria y la Consulta Liberal al elegirlo?

No creo. Los votantes liberales escogieron al mejor candidato. La caída del Partido Liberal no es por Pardo, sino por el lastre de corrupción y decadencia que no han logrado superar desde el proceso 8.000 y porque la oposición al Presidente Uribe los ha desgastado. Pero creo que después de estos tiempos magros vendrán unos mejores para el Liberalismo si persevera en su proceso de modernización.

¿A su modo de ver qué originó la debacle del Polo?

La destacada campaña presidencial de Gustavo Petro salvó al Polo de la debacle. Con la excepción de Robledo y un par más, el decaimiento fue de los congresistas del Polo, fruto de sus peleas intestinas, de la preponderancia de los sectores más clientelistas y confrontacionales, de falta de claridad en temas claves para la opinión pública y de la campaña de desprestigio orquestada desde el gobierno.

¿Cree que si el candidato hubiera sido Carlos Gaviria, hubiera podido repetir la hazaña de 2’650 mil votos del 2006?

No. El escenario y la competencia fueron muy distintos en estas elecciones. Carlos Gaviria fue un gran candidato en el 2006 y un mal perdedor en el 2010. Reconoció a regañadientes la victoria de Petro y realmente no apoyó su campaña, lo cual contribuyó al desgaste del Polo.

¿A pesar de las dos alcaldías polistas en Bogotá que desmitificaron el miedo irracional a la izquierda, cree que ya para la presidencia los colombianos en su mayoría no votarían por un izquierdista o cree que es el pasado guerrillero de Petro el que influye?

En la Alcaldía de Bogotá Samuel ha borrado con el codo lo que Lucho hizo con la mano. Es cierto que a la izquierda se le ha metido miedo irracional. Pero ahora además del miedo tendrán que cargar con el desprestigio de la pésima gestión de los Moreno.

En los mentideros políticos se oye algo que ya se volvió lugar común: que el mejor programa es el de Vargas Lleras, el que más conocimiento tiene de los problemas del país, el mejor parlamentario, etc, etc. ¿Cómo explicar su escasa favorabilidad en las encuestas?

El programa de Vargas es bueno, pero el de los demás candidatos también. Creo que es más un cliché cuando no saben qué más decir. Además del castigo presidencial por no apoyar la segunda reelección, a Vargas lo afecta su estilo mediático que transmite una imagen de gruñón y de político tradicional, anticuado.

¿Cree usted que como a todo disidente –remember López Michelsen y Galán- a Vargas le tocaría volver a un partido madre, como el liberal que era el suyo, para poder partir de un apoyo político más fuerte?

Es posible. Pero no creo que el tema sea que Vargas vuelva al Partido Liberal, sino que converjan las tendencias partidistas liberales. En Colombia sólo hay espacio para un partido Liberal moderno. Si no convergen, veo muy difícil que reconquisten la Presidencia.

En un momento dado Noemí pareció disputarle a Juan Manuel el liderazgo de la campaña. ¿Qué la hundió, qué provocó su espectacular caída?

Después de la U, el partido Conservador parecía el mejor posicionado en estas elecciones, pero la intervención de Uribe a favor de Arias dividió profundamente al Partido. Noemí no logró superar esa división y además perdió el talento de candidata que exhibió en 1998.

Usted ha hablado de la típica estrategia de Juan Manuel Santos “tirar la piedra y esconder la mano”. ¿Qué quiere decir eso?

Santos es un hombre inteligente y sagaz. Es el alumno destacado del MIT (manzanillo y técnico). Es un jugador político muy hábil, pero con tal de lograr sus ambiciones no tiene miramientos en sobrepasar los límites. Ha saltado de un partido a otro por mera conveniencia; disfruta la maquinaria electoral del clientelismo, pero quiere parecer moderno y promete acabar la corrupción; aprovecha la buena imagen del Presidente pero se distancia de sus escándalos; aprovecha los éxitos militares, pero se lava las manos en sus fallas; contrata un experto en guerra sucia y luego pone cara de sorprendido y pide juego limpio.

¿Qué despertó el entusiasmo “verde”? Mockus, Peñalosa y Lucho llevaban ya un tiempo de campaña pero sólo con la adhesión de Fajardo la campaña y el entusiasmo se dispararon. ¿Qué ocurrió allí? ¿Qué quieren los electores? ¿Es atribuible el ‘boom’ a Fajardo?

Más allá de los resultados de las urnas, lo que ha logrado la ola verde es heroico. Es una revolución pacífica contra el “todo vale” que pone en evidencia que es posible hacer política limpiamente, tener apoyo electoral y gobernar de otra forma. Creo que el resultado ha sido la suma de varios factores: la unión de varios dirigentes modernos que han demostrado logros, la creación de un Partido, los buenos resultados en las elecciones de Congreso, el tipo de campaña, la motivación de las redes sociales, el entusiasmo de los jóvenes y los escépticos. Lo que está por verse es cuántos millones de votos expresan esa suma de aciertos y entusiasmo.

¿Sería partidaria de hacer una regulación para las encuestas? ¿Cómo hacerlo sin que suene a censura?

Ya los encuestadores acordaron unos criterios técnicos para el diseño y aplicación de encuestas. Me parece conveniente que esos criterios se adopten por Resolución del Consejo Nacional Electoral para que todas las empresas encuestadoras los cumplan, cosa que no ocurre hoy. En ningún caso es aceptable la revisión previa de los cuestionarios. Eso es censura.

¿Qué significa que mientras Uribe tiene 75% de aceptación, su candidato sólo llegue a menos de la mitad?

Que con el Presidente hay agradecimiento y con Santos hay castigo en cuerpo ajeno.

¿Cree usted que hay garantías constitucionales en Colombia para realizar las elecciones? ¿Se conservan estas garantías desde el punto de vista práctico? ¿Cómo explicar los fraudes ocurridos en las parlamentarias?

En estas elecciones presidenciales hay garantías institucionales, pero no hay garantías políticas. A nivel institucional hay financiación pública, acceso a medios de comunicación, seguridad para los candidatos, mayor transparencia. Pero a nivel político, el Presidente le mete la mano a la campaña, se usan recursos del Gobierno para favorecer un candidato, no se garantiza ni neutralidad ni transparencia. Y el mal ejemplo cunde entre algunos gobernadores y alcaldes.

Hay temores de que si hay segunda vuelta se use de manera indebida la maquinaria del Gobierno a favor de su candidato. ¿No cree que Santos por sí solo tenga la capacidad de alzarse con el triunfo?

Santos puede ganar limpiamente. El que parece no creer eso es el Gobierno. La maquinaria se está usando. Los desastres electorales suelen ocurrir en campañas competidas porque con tal de ganar algunos los cometen. En el 94 Samper se financió con la mafia para ganar, y en el 98 Pastrana le ofreció el oro y el moro a las Farc; en el 2002 la elección la interfirió la maquinaria paramilitar y en el 2006 la maquinaria presidencial. La pregunta es si se va a repetir la historia en el 2010.

¿Qué lección deja la destitución y sanción de diez años al gobernador del Valle?

Es una sanción justa. Pero la principal lección es para los electores del Valle que tienen la oportunidad de sacar, por fin al departamento de la influencia nefasta de la narcopolítica y la corrupción.

Usted ha hecho estudios concienzudos sobre el tema de la parapolítica en el país. Pareciera que las investigaciones y vinculaciones sobre estos hechos en el Valle no fueron a más. ¿Qué sabe de eso?

El Valle no ha logrado salir de la narcopolítica que viene arrastrando desde el 8.000. Cayó el Cartel de los Rodríguez, pero se mantuvieron y prosperaron los carteles políticos que crecieron a su amparo. Han sido un hueso duro de roer y seguramente pronto habrá más sentencias. Pero no hay que hacerse falsas ilusiones. La política del Valle o del país no la van a transformar las decisiones judiciales, sino el voto libre y a conciencia de los ciudadanos.

¿Qué alianzas cree que se darán en segunda vuelta?

Eso lo decidirán los candidatos. Lo que debemos decidir los ciudadanos es que el que gane sea un aliado nuestro y no de los avivatos, de la honestidad y no de la ilegalidad, de la probidad y no de la corrupción. Esa es la alianza que tenemos que elegir colectivamente. Quien la lidere queda al gusto y voto libre de cada uno.

En pocas palabras

"La campaña sucia funciona, por eso la usan. El problema es que los que se eligen así, gobiernan así”.

"Téngalo por seguro que si no se castigan electoralmente, la corrupción y la narcopolítica seguirán gobernando en este país.”

"Es lamentable que cuando al fin logramos que los ilegales no coaccionen a los ciudadanos, ahora lo hagan los funcionarios”.

“En el caso particular de Petro su pasado sin duda lo afecta, pero más lo afecta que la guerrilla siga viva”.
 


 

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