El editorial
Un golpe certero
Marzo 02 de 2008
La muerte de alias Raúl Reyes demuestra que la paciencia y el trabajo profesional que han guiado al Gobierno y a la Fuerza Pública están ganándole la partida a la intransigencia y al terrorismo de las Farc. Y así como el país siente un gran alivio con la noticia, también es la oportunidad para pedirle al grupo guerrillero que acepte negociar la paz en vez de insistir en la violencia que puede llevarlos al final que tuvo su vocero.
Habrá quienes afirmen que las Farc tienen cómo reemplazar a ‘Reyes’. Pero esa será sólo una forma de quitarle importancia al golpe más importante asestado a esa guerrilla en su historia. Luis Édgar Devia era uno de sus principales cabecillas y durante muchos años justificó la violencia y el terror como medio para tomarse el poder. Incluso, en las épocas del frustrado proceso de paz, cuando el Gobierno de entonces le permitió viajar por el mundo, su discurso estuvo lleno de amenazas contra los colombianos.
El golpe dado por la Fuerza Pública contra el que era considerado el segundo en el mando de las Farc no es un hecho aislado, sino la continuación de acciones que han ido desmantelando su poder de destrucción y las estructuras de poder que las manejan. Fue también el producto de la estrategia que anunció el presidente Álvaro Uribe Vélez el 7 de agosto del 2002, cuando proclamó la Política de Seguridad Democrática. Una política que tiene el respaldo de la Nación y que fue la respuesta al desafío de los violentos que desconocen los anhelos de paz y reconciliación que siempre acompañan al pueblo colombiano.
El que los hechos que culminaron con la muerte del jefe guerrillero y de 17 de sus compañeros se haya producido cerca de los límites con Ecuador, ratifica la manera en que las Farc están utilizando las fronteras para sus actos delictivos. Aprovechando la explicable resistencia del Gobierno ecuatoriano a involucrarse en el conflicto colombiano, ‘Reyes’ utilizaba el territorio del país vecino para ejercer el tráfico de armas y de narcóticos, para escapar de la acción de las autoridades nacionales y para llevar a los secuestrados, como lo ratificó Luis Eladio Pérez, tras su liberación.
Ahora es de esperar la reacción del grupo guerrillero más antiguo del mundo, por lo que las autoridades y la ciudadanía deben estar en máxima alerta. Pero lo más importante es exigir que no haya retaliaciones contra los cientos de secuestrados en su poder. Ese debe ser propósito de la comunidad internacional y en especial de los países interesados en apoyar la liberación de esos seres humanos que padecen el plagio y esperan retornar a sus hogares tras años de padecimiento.
Ya no debe quedar duda del drástico cambio que ha experimentado la situación en Colombia. Ahora, el esfuerzo del Gobierno y de la Fuerza Pública, al tomar la iniciativa en la lucha contra la violencia y el terror está dando grandes frutos, expresados en la desmovilización de los grupos paramilitares, en la captura o la muerte de los líderes de las Farc y del ELN, en la deserción copiosa de sus integrantes y en la recuperación de muchas zonas del país, antes presas de las acciones de los violentos.
Aunque la muerte de un ser humano jamás puede ser motivo de alegría, en el caso de alias Raúl Reyes la Nación experimenta un gran alivio. Con él termina un largo expediente de crímenes y amenazas contra la libertad y la vida de millones de colombianos.