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Actualidad. Por: Alejo Vargas Velásquez
Alberto Lleras y los militares
Julio 01 de 2006

A propósito de los cien años del nacimiento del ex presidente Alberto Lleras Camargo es importante reivindicar su aporte fundamental a las relaciones civiles-militares.

En el contexto de la transición del régimen militar –que venía desde 1953 con los gobiernos del general Rojas Pinilla y de la Junta Militar-, al régimen de democracia restringida del Frente Nacional y después del último intento de golpe militar el 2 de mayo de 1958, el electo presidente Alberto Lleras pronuncia el discurso del Teatro Patria, el 9 de Mayo de 1958 en el cual fija los parámetros de la conocida ‘doctrina Lleras’, cuyas ideas centrales se resumen así: "La política es el arte de la controversia, por excelencia. La milicia el de la disciplina. Cuando las Fuerzas Armadas entran a la política lo primero que se quebranta es su unidad, porque se abre la controversia en sus filas. El mantenerlas apartadas de la deliberación pública no es un capricho de la Constitución, sino una necesidad de sus funciones... Por eso las Fuerzas Armadas no deben deliberar, no deben ser deliberantes en política. Porque han sido creadas por toda la Nación, porque la Nación entera, sin excepciones de grupo, ni de partido, ni de color, ni de creencias religiosas, sino el pueblo como masa global, les ha dado las armas, les ha dado el poder físico con el encargo de defender sus intereses comunes... Yo no quiero que las Fuerzas Armadas decidan cómo se debe gobernar a la Nación, en vez de que lo decida el pueblo; pero no quiero, en manera alguna, que los políticos decidan cómo se deben manejar las Fuerzas Armadas en su función, su disciplina, en sus reglamentos, en su personal...".

Es decir, simultáneo con el inicio del Frente Nacional quedó definido un modelo de relaciones entre el gobernante civil y las Fuerzas Militares basado en que los militares no se mezclarían en los asuntos del gobierno y los civiles no lo harían en los asuntos de ‘orden público’. Aquí se diseñó un estilo de relaciones civiles-militares que se caracterizaban por la subordinación de las Fuerzas Armadas al poder civil electo, acompañado de la profesionalización de la institución militar, y la despartidización de la institución militar. Sin embargo, este diseño terminó siendo inconveniente pues dejó en cabeza de las Fuerza Armadas la seguridad.

Posterior a la Constitución de 1991 y con el nombramiento del primer ministro de Defensa civil, comienza el proceso de cambio de relaciones entre gobernantes civiles y militares. Se plantea que los primeros asuman la conducción de las políticas de seguridad. Esto implica que los civiles en dichos cargos conozcan el tema para que tengan reconocimiento de los militares.

En vísperas del relevo en el Ministerio de Defensa y probablemente en la cúpula militar y con una serie de cuestionamientos a la institución en el ambiente –las causas van desde forzar un crecimiento acelerado en un tiempo breve debilitando la formación, hasta falta de mecanismos de evaluación de resultados adecuados-, es importante que se refuerce el liderazgo civil, sobre la base de su compromiso con la política de seguridad y con una clara relación operativa con las diversas fuerzas que componen la Fuerza Pública.
 



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