Entrevista
“El Gobierno no quiso acabar con los ‘paras’”: López
Febrero 24 de 2008
Claudia López, investigadora y analista política, asegura que las Farc están muertas políticamente, replegadas militarmente, y debilitadas logísticamente. “Cali tiene que salir de la mafia y del atraso”, opina.
Por: Margarita Vidal
Después de graduarse en Finanzas y Relaciones Internacionales en la Universidad Externado, Claudia López obtuvo a pulso dos becas que le dieron una maestría en Administración Pública en la Universidad de Columbia y un grado en Administración y Políticas de Suelo Urbano en Holanda, sucesivamente.
A su regreso se sumergió en una espiral de trabajo incansable y exitoso en los temas de su competencia.
Hoy es consultora asociada del programa de Naciones Unidas para el Desarrollo (Pnud) en América Latina, investigadora y analista política y escribe una columna en el diario El Tiempo.
Ella ha sido definitiva en la investigación y ‘mapeo’ del escándalo parapolítico –en el cual es una autoridad–, que sacudió al país con la confirmación del contubernio entre congresistas de diferentes regiones y jefes paramilitares, para hacerse elegir.
La inquietud le surgió por la indignación que le produjo la incursión de los jefes paramilitares en el Congreso.
¿Cómo alguien podía utilizar el recinto de la democracia para hacer apología del crimen y nada pasaba? Mancuso se jactaba de que se había tomado el 35% del Congreso y nadie lo paró. El resto es historia.
Después de un año de investigaciones, Claudia publicó sobrecogedores descubrimientos sin mayor eco.
Revelaciones posteriores demostraron que hubo toma violenta paramilitar representada en cifras de homicidios y masacres en regiones en donde cambió el mapa electoral. El resultado son las investigaciones, encarcelación y llamamiento a juicio de 73 congresistas –en su mayoría pertenecientes al polémico partido de la ‘U’– por la Corte Suprema de Justicia.
Este fin de semana la Corporación Arco Iris relanzó el libro ‘Paramilitarismo, la ruta de la expansión paramilitar y los acuerdos políticos’, en el que Claudia participa y que constituye uno de los estudios académicos más importantes que se han hecho en el país sobre el tema, con tres nuevos y reveladores capítulos.
Allí estuvo el fiscal Mario Iguarán, quien dijo inclinarse “reverente” ante esta investigación que, añadió, ha servido de soporte para las investigaciones a su cargo, y aceptó como válidas las críticas de Claudia López a la manera como se han afrontado las denuncias.
Ella, que es chiquita y frágil, tiene un alma así de grande que no se le arruga a la adversidad y mucho menos al poder.
Por eso es la invitada a esta entrevista que quiere recordar, además, que diez mil personas desaparecieron bajo el sistemático exterminio paramilitar y que hasta el momento se han encontrado 320 fosas comunes en el territorio nacional –sin que a los colombianos se nos erice un pelo–, cifras sólo superadas por las de la dictadura argentina y que, a su vez, están por encima de las cifras alcanzadas por la represión de Pinochet en Chile y por la dictadura uruguaya.
Nuestra trágica realidad
¿Cuáles son los resultados de la desmovilización paramilitar?
Muy parciales. Muchos avanzan en su proceso de reintegración, pero hasta el Gobierno reconoce que al menos cinco mil están rearmados y delinquiendo.
Más allá de los valiosos esfuerzos de la Consejería Presidencial para la Reintegración, el país debe armar una estructura legal, institucional, social y económica estable y eficaz.
Tenemos muchos delincuentes por reintegrar y ese es uno de nuestros mayores desafíos.
¿Es cierto que se están volviendo a organizar en número de unos cinco mil hombres, que tenían las estructuras y las fortunas intactas?
Es cierto. Y ni siquiera es que esos cinco mil hayan reincidido, sino que en verdad nunca se desmovilizaron.
El problema de fondo en esto es que el Gobierno negoció con narcotraficantes, les dio estatus cuasi político y beneficios legales, pero no les exigió a cambio desmontar sus negocios de narcotráfico y otros negocios ilícitos.
El estado colombiano no tiene ningún dato de cultivos, rutas, cuentas, naves, lavado de activos, redes o estructuras que tenían los jefes paramilitares.
La mayoría de ellos sigue administrando sus negocios desde la cárcel. Prueba de ello es que los cultivos y el narcotráfico en las zonas paramilitares no disminuyeron con la negociación de la Ley de Justicia y Paz, sino que por el contrario crecieron.
¿Qué hay de cierto en la versión de que los jefes paramilitares están tratando de que los extraditen a Estados Unidos? ¿Cuál es la razón y qué podrán conseguir allá?
Hay muchos rumores sobre eso, que la Embajada norteamericana ni asiente ni desmiente. Los paramilitares saben que tienen cuentas pendientes no sólo con la justicia colombiana sino con la estadounidense y con la internacional.
Están decepcionados por la negociación que hicieron con el Gobierno Nacional, entre otras cosas porque no les resolvió las cuentas pendientes con las otras dos. Pero mientras sigan mintiendo y chantajeando no van a lograr evadirse.
No han confesado ni entregado los miles de niños que reclutaron, no confiesan todas las masacres y delitos de lesa humanidad que cometieron, no reparan a las víctimas.
En vez de aprovechar las generosas sentencias de Justicia y Paz para saldar todas sus deudas, están cavando su camino a la Corte Penal Internacional.
¿Cuáles fueron los errores del Gobierno en este tema?
Que no tuvo el objetivo de acabar con el paramilitarismo realmente. Entregó todas las ventajas a cambio de armas y hombres y no desarticuló sus estructuras política y económica, que son tan fuertes como la militar. Por el contrario, les permitió lavar sus fortunas y mantener sus poderes locales, regionales y nacionales.
De no ser por la investigación y presión de la academia, los medios y la justicia, ningún financiador, ni político del paramilitarismo habría sido identificado y denunciado. Ni los paramilitares ni el Gobierno entregaron ninguna información al respecto. La ocultaron. Se la sacó, a la fuerza, la justicia y esa es la furia del Presidente Uribe con la Corte Suprema.
¿Qué reporte tenemos a la fecha, de la desmovilización?
Es agridulce. La seguridad ha mejorado en algunas zonas y empeorado en otras porque estamos en un periodo de auge del narcotráfico y eso inevitablemente trae plata y violencia al por mayor.
Cali y el Valle tienen un altísimo riesgo en esa coyuntura. Un indicador para medir el compromiso de las autoridades locales y de policía es qué tantas capturas y acciones eficaces logran contra esas estructuras. Cali tiene que salir de la mafia y del atraso. Ese es el reto de las autoridades y la sociedad.
Otro tema actual, ¿cómo analiza a Chávez?
Chávez tiene un estilo muy difícil con el que Colombia tiene que saber lidiar, pero es el líder legítimo del país con el que tenemos la mayor frontera, intercambio humano y comercial. El interés de Colombia es evitar que Chávez se alinee militarmente con las Farc. Eso todavía no ha pasado y tenemos que evitarlo. El conflicto colombiano no tiene solución militar, pero tampoco tendrá siquiera solución política si las Farc consiguen apoyo político y militar para crecer la guerra en Colombia. No hay que confundir la expansión del proyecto político bolivariano, que no promueve la violencia ni a las Farc, con el apoyo militar a las Farc.
¿Qué provocará la situación combinada con Venezuela y Nicaragua?
Ya ha provocado la justificación para cambiar otra vez la Constitución mañosamente y permitir un tercer período del Presidente Uribe. Esa barbaridad institucional la están justificando con la “amenaza externa de Nicaragua y Venezuela”. Nadie sabe para quien trabaja. Chávez perdió el referendo y no se podrá reelegir. En cambio Uribe, con la excusa de Chávez, se perpetuará en el poder. Con Nicaragua tenemos una demanda limítrofe que se resolverá en la Corte Internacional de La Haya civilizadamente. No tiene porque ser de otra manera.
La popularidad de Uribe aumenta cada vez más, ¿qué lo explica? Los colombianos parecen estar felices con él...
Eso es un hecho. El Presidente es de una gran habilidad y capacidad política, ha cumplido su principal promesa que era mejorar la seguridad y tiene al país convencido de que único enemigo son las Farc y que él puede exterminarlos. La torpeza y la barbarie de las Farc ya eligieron a Uribe dos veces y lo hará una tercera. Con eso se justifican desaciertos en todo lo demás. El tratamiento de este Gobierno a los desplazados, a las víctimas, a la concentración de la tierra, al enriquecimiento fácil e inescrupuloso, lícito e ilícito, y al manejo de la infraestructura y los recursos públicos es una vergüenza. Para ocultar todo eso ahí están las Farc y, además, apareció Chávez.
¿Quiénes, en su opinión, estarían preparados para sucederlo?
Muchos. Es mentira que no haya dirigentes. Están Germán Vargas y Juan Manuel Santos y muchos otros en el uribismo. Rafael Pardo y Aníbal Gaviria serían unos súper candidatos liberales. Están Lucho Garzón y Gustavo Petro en el Polo. Hay otros independientes. Líderes hay. Lo que no hay es un Presidente que respete la Constitución y deje fluir la democracia.
¿No debería Colombia pedir la intervención de la ONU en un momento de hecatombe humanitaria como la que afrontamos?
La ayuda internacional es importante, pero no está exenta de riesgos que el país tiene que tratar con mesura. Por otro lado, el Gobierno de Colombia no tiene ni la voluntad, ni la capacidad de superar la tragedia humanitaria que vivimos. Desprecia a los desplazados y a las víctimas de los paramilitares. Son más de dos millones de colombianos que no reciben apoyo sino sospecha, no reciben reconocimiento y solidaridad, sino estigmatización, no reciben tierra, sino que se las quitan, no reciben apoyo productivo sino dádivas para sobrevivir. Es una tragedia descomunal, que si ni siquiera tiene respeto, mucho menos recursos y voluntad política para superarse.
¿Cree que el inamovible presidencial del despeje a Florida y Pradera se justifica?
No creo que sea aceptable que se descarten las vías negociadas que pueden proteger la vida y sólo se consideren las militares que son más riesgosas. Por no resolverlo en Pradera, en Florida o en algún lugar de Colombia, nos lo están manejando en Caracas, en Francia y terminaremos sentados en la picota pública internacional, por la negativa a asumir y resolver el tema de los secuestrados en instancias nacionales.
¿Cuál es la situación real de las Farc: arrinconadas, debilitadas, arrodilladas, acosadas, en el comienzo del fin?
Las Farc están muertas políticamente, replegadas militarmente, y debilitadas logísticamente. Ese ha sido el gran logro de la seguridad democrática. Pero no nos podemos llamar a engaños. Esa situación puede durar décadas y no nos permite resolver la pobreza, la corrupción, el abuso y la ingobernabilidad que la guerra genera. Una combinación inteligente y eficaz de presión militar y negociación política es lo que puede traer la paz. El Presidente Uribe ha sido el mejor para lo primero, pero es incapaz para hacer lo segundo.
¿Está de acuerdo con el presupuesto de las Fuerzas Armadas para este año ($18 billones)?
Colombia tiene enemigos y fenómenos criminales monumentales y tiene que destinar recursos suficientes para enfrentarlos. El problema no es que para la guerra haya ese presupuesto. El problema es que se lo quita a la justicia y a la inversión social y ni siquiera es eficaz, no es suficientemente vigilado y buena parte se va en corrupción. Estudios muy serios de Luis Jorge Garay y José Fernando Isaza así lo demuestran. Adelgazar la justicia y la inversión en desarrollo para crecer el presupuesto de la guerra es lo que hacen las dictaduras no las democracias.
¿Qué tan importantes han sido realmente los golpes dados a la guerrilla por este Gobierno?
Han sido muy importantes. Pero así como la guerrilla nos puede tener décadas entregando uno por uno a los secuestrados, podemos demorarnos las mismas décadas de cabecilla en cabecilla. El golpe más eficaz no ha sido las bajas de algunos cabecillas, sino la desmovilización masiva de guerrilleros rasos en las cárceles y los campos. Por eso hay que buscar una negociación que consiga una desmovilización masiva y completa.
El Gobierno se precia de los “enormes” adelantos en materia de inteligencia y estrategias… ¿Cómo la ve?
Como decía el irremplazable Jaime Garzón, en Quack: también hay tiempo para el humor.