El editorial
Pescar en mar revuelto
Febrero 12 de 2008
Aprovechando la embestida de Hugo Chávez contra Colombia, su compadre Daniel Ortega, de Nicaragua, también trata de utilizar nuestro país y las diferencias que está resolviendo el Tribunal de La Haya sobre los límites con Colombia, para intentar mejorar su alicaída imagen entre sus compatriotas. Aunque la estrategia de Ortega es clara, no por ello puede descuidarse ni caer en las provocaciones tan del gusto del ex líder sandinista.
Lo que está pasando tiene gran parte de su explicación en la incómoda situación en la que ha caído el Mandatario nicaragüense, a raíz de las denuncias de nepotismo en su gobierno, por tener a ocho de sus hijos en la nómina oficial y por pasear a su familia por el mundo a costillas del Estado o de los países anfitriones, no obstante la prohibición de la Constitución de esa nación. Y en las críticas permanentes como gobernante, que son promovidas, en primer lugar, por sus copartidarios sandinistas, desencantados por el rumbo que lleva el Gobierno.
La otra parte de la explicación está en la dependencia de Ortega de Hugo Chávez. Que se inicia desde mucho antes de su elección como Presidente de Nicaragua, cuando se denunció la infiltración de recursos provenientes de Venezuela en su campaña, en una repetición de la estrategia del vecino Mandatario por intervenir en Latinoamérica para comprar aliados. A ello ha sido obsecuente Ortega, quien, además, aprovecha la “generosidad” de su colega, al entregarle combustibles a precios irrisorios.
La reciprocidad es más que obvia: atacar a Colombia, condenar el “imperialismo” al estilo del comunismo trasnochado y reclamar una fuerza armada, constituida por los miembros del Alba, la asociación con la cual Chávez pretende cambiar petróleo por conciencias. Y claro, Ortega, que conoce todo el libreto, que es viejo amigo de las Farc y que ya fracasó en Nicaragua, dejándole la peor estela de corrupción durante su primera Presidencia, aprovecha la oportunidad. Con lo cual consigue audiencias, además del elemento propicio para desviar la atención sobre los problemas que padece su nación y que él no es capaz de solucionar.
Por eso no pierde oportunidad para interpretar a su amaño la decisión de la Corte de La Haya, que ratificó la soberanía de Colombia sobre San Andrés, Providencia y Santa Catalina y apenas reconoció su jurisdicción para definir los límites a partir del paralelo 82. Ahora, el Mandatario nicaragüense apela a todos los recursos posibles para crear un conflicto, como reclamar la intervención de la ONU para salvaguardar los supuestos derechos que le reconoció ese tribunal. Con razón, el organismo multinacional acogió lo decidido por la Corte.
Hasta ahora los esfuerzos de Ortega por crear una perturbación con Colombia se han estrellado con la prudencia del Gobierno Nacional, tradición de seriedad reconocida en el mundo, que respeta los cauces jurídicos para resolver sus controversias y evita provocaciones como la de incitar a los pescadores de Nicaragua a entrar en las aguas de nuestro país. Pero hay que estar atentos, porque de la alianza Ortega-Chávez puede surgir cualquier cosa.