El editorial
Las dudas de Anápolis
Diciembre 03 de 2007
Tras siete años sin encuentros, los dirigentes palestinos e israelíes volvieron a sentarse en una mesa de negociación la semana pasada bajo el patrocinio del gobierno estadounidense.
Esta Cumbre de Anápolis, como se le ha llamado por llevarse a cabo en esa ciudad norteamericana, ha concitado más dudas que certezas, pese a que a su convocatoria asistieron los países árabes con la excepción de Irán. Y la presencia de Siria. Pero esta nutrida concurrencia, más que significar un apoyo a la solución del diferendo, parece denotar la preocupación de los gobernantes sunitas por el desbordamiento del radicalismo islámico que impulsa el gobierno chiita de Irán.
La verdad es que la posibilidad de que Irán adquiera la capacidad para producir armamento nuclear aterra, primero que todo, a sus vecinos, y no sólo a Israel o a las potencias occidentales. En estas circunstancias, contar con el apoyo de EE.UU se ha vuelto asunto prioritario en la agenda de la política exterior de muchas naciones árabes.
Más allá de esta expectativa, puede decirse que los avances en cuanto al tema principal, el conflicto entre israelíes y palestinos, no permite presentar grandes partes de victoria. De hecho, tanto Ehud Olmert como Mahmoud Abbas coincidieron en afirmar que “no será fácil llegar a la paz, aunque quieran lograrla, antes de enero de 2009”, que coincide con el fin de la administración Bush.
El empeño de la administración estadounidense por presentar hechos de paz que hagan olvidar el desastre de Iraq con el propósito de abrirle un espacio a los republicanos en el próximo debate electoral, sirvió empero para lograr un acuerdo inédito. Los israelíes por primera vez aceptaron una agenda de conversaciones que abarque todos los puntos, aún los más conflictivos.
Esto significa que en la mesa de negociaciones se abordarán, con la mediación de Estados Unidos, los tremas atinentes al control de Jerusalén, las fronteras del nuevo estado palestino, los derechos de los refugiados palestinos y el cese de los asentamientos judíos en territorios ocupados. Cabe destacar la creación de un grupo negociador que se reunirá cada dos semanas a partir del próximo 12 de diciembre.
En realidad y aunque se pueda ver como un avance en medio de esta deteriorada relación, no se llegó a nada distinto que acordar sentarse a conversar sobre los asuntos en controversia. Digamos que no se logró un final sino que se llegó a un principio. Con una diferencia con el pasado: no se condicionan estas conversaciones a un cese al fuego, ni hay temas vedados.
Pese al optimismo moderado con que se recibe la declaración final de la Cumbre de Anápolis, hay una realidad de fondo que no permite augurar un futuro exitoso a las negociaciones que se inician. Los tres promotores de la Cumbre, George Bush, Ehud Olmert y Mahmoud Abbas, atraviesan por un período de gran debilidad política en sus respectivos países, lo que hará que sean poco escuchados y, desde luego, desacatados por sus rivales políticos. Más dudas que certezas, lo que no es bueno ni para palestinos, ni para israelíes.