Por: Luis E. Mejía
El camino de la diplomacia
Diciembre 02 de 2007
Hoy, en medio de esta crisis, hay que pensar que son más las cosas que nos unen con Venezuela que las
que nos separan
Tengo que admitir que en muchas oportunidades me quejé de los procedimientos de la diplomacia, me parecían insufribles las horas dedicadas a elaborar actas que al final sólo decían lo que todos querían oír, pero sin comprometer a nadie, eso sí, dicho de una manera respetuosa. Siempre pensé que esto significaba retrocesos y que al final todos salíamos como habíamos llegado. No era muy claro cuando mis colegas afirmaban que “tuvimos una excelente reunión”, yo pensaba que sólo se había perdido tiempo.
Hoy, que vivimos esta crisis, creo que estaba equivocado y la diplomacia sí logra mantener un trámite lento, pero tranquilo en las relaciones binacionales.
Pero se rompió la piola, a Chávez se le soltó toda su angustia y reaccionó de forma dramática ante el anuncio del cese de sus gestiones como mediador, gestiones transitorias y que culminaron abruptamente por violar la discreción.
Entiendo la situación de quienes tenían su esperanza en la gestión de Chávez. No obstante, la reacción de Chávez y sus declaraciones ofensivas no sólo contra Álvaro Uribe, sino contra la dignidad de su cargo y por ende la de los colombianos, imponía un desenlace como el que hemos observado. Es hora entonces de la diplomacia, hay que mantener la dignidad y exigir el respeto, pero debemos ser pragmáticos, nuestro vecino siempre estará allí, seguirá siendo nuestro vecino y hay que procurar que sea para bien.
Son muchas más las cosas que nos unen con Venezuela que aquellas que nos podrían separar y hay que buscar los caminos que nos permitan magnificar esas cosas que nos acercan.
Estoy seguro que el Gobierno estará buscando otras alternativas para buscar acercamientos que permitan una solución humanitaria al tema de los secuestrados. Seguramente, los ruidos electorales que tendrán una definición hoy serán cosa del pasado y las circunstancias ajenas a este proceso permitirán la reconstrucción de las relaciones.
Por ahora, bienvenidos los diplomáticos y bienvenida la discreción, no deben cerrarse las puertas y confiemos que la racionalidad y el respeto vuelvan a ser los protagonistas.